Wednesday, December 9, 2009

L'affaire de l'Orchidée Dorée


Cesar Silva, 2009

Pues este es el nuevo libro: El caso de la orquídea dorada. Bilingüe: francés - español.

Aquí el link donde lo pueden localizar en la red. Seguramente estará dispónible en la Cafebrería, en Ciudad Juárez, muy pronto.

Thursday, December 3, 2009

Invisible


Paul Auster, 2009

Sabiendo lo que sabía, tenía claramente la obligación de llamar a la comisaría del barrio e informarles sobre Born y la navaja y el atraco frustrado de Williams. Leí el artículo por casualidad mientras tomaba una taza de café en el Lions Den, el bar de la planta baja del centro estudiantil, y en vez de utilizar un teléfono público decidí ir andando a mi apartamento, que estaba en la calle Ciento siete, y llamar desde allí. Aún no había contado a nadie lo que había pasado. Había intentado localizar a mi hermana en Poughkeepsie –la única persona con quien podía desahogarme–, pero no estaba en casa. Cuando llegué al edificio de mi apartamento, recogí el correo en el vestíbulo antes de dirigirme al ascensor. Sólo había una carta para mí: un sobre sin sello, depositado a mano, con mi nombre escrito en letras de imprenta, doblada en tres pliegues y remetida a la fuerza por la estrecha rendija del buzón. La abrí en el ascensor camino del noveno piso. Ni una palabra, Walker. Recuerde: todavía tengo la navaja, y no me da miedo utilizarla.

Nota: Invisible es una novela vertiginosa, donde Paul Auster despliega sus mejores armas. Nada es lo que parece. La contraportada dice, en algún momento «novela policíaca erótica», difiero en lo policíaco, aunque, bueno, se pudiera discutir tal posición. Con respecto a lo erótico, está exactamente al borde de lo que puede ser erótico y lo que no. Por dios, Adam Walker, el personaje principal, coge con... Después de Un hombre en la oscuridad, mero descanso, con partes excelentes, llega Invisible.

Thursday, November 26, 2009

FIL de Guadalajara, 2009


El caso de la orquídea Dorada, en la FIL, 2009.

El sábado 28, a las 8 de la noche, Mantis Editores, de Luis Armenta Malpica, y Écrits de Forges (Quebec), entre otros libros, presentarán El caso de la Orquídea Dorada, mi último libro de poemas

Yo no iré, por falta de galleta, pero si pueden, y andan por ahí, pues échenle un ojo al libro. No he visto la portada, pero me comentan lo siguiente: "...recuerdo que era una portada toda blanca con una orquídea muy amarilla, así nada más y sin marco, si bien recuerdo."

Uno de los poemas inicial dice así, ejem, ejem:


héctor, el detective


este hombre se llama héctor
y observa cómo deslizo mi dedo
sobre una rosa color sangre de cristo
de 7 centímetros de diámetro
al pronunciar el rostro de mi muerta

en la comida
parte el pan como si partiera en dos la avenida
y en los restaurantes le hablan por su nombre

me dice que va a descubrirlo todo
y observo la seguridad que dan los viajes

este hombre que reconoce
el sabor de la manzana en el crimen
cobra 50 dólares por día


Así la vida, ya recibiré mis ejemplares, ya subiré la portada, ya.

Tuesday, November 24, 2009

entre otros, fuimos 3 en Oaxaca

Ah que estos muchachos que somos

Una nota

Escritores abordan la aventura de la ficción

La nota comienza

Participaron en la Feria Internacional del Libro Oaxaca 2009

Los escritores Luis Jorge Boone, César Silva y Bernardo Fernández Bef estuvieron en el Foro de la Feria Internacional del Libro (2009) Oaxaca 2009, para presentar sus más recientes publicaciones y charlar sobre la aventura de la ficción, tema principal del encuentro.
Durante la conferencia, el moderador Julio Hadad definió a los tres autores como “poco simpáticos, pero con una imaginación feroz y aterradora”, y señaló que los tres libros que se presentaron tienen en común el terror en la trama.

Sólo un detalle: Julio Hadad, no es Julio Hadad, es José Hamad, es editor de la editorial 451, en España. Un amigo.

Friday, November 13, 2009

FIL Oaxaca, 2009


El próximo 19 de noviembre participaré en la FIL de Oaxaca en una mesa de escritores. Yo hablaré (o trataré de hacerlo) de Una isla sin mar.

Thursday, October 29, 2009

Lo improbable y otras novelas


Julián Rodríguez, 2007 (2001, 2002, 2006)

(De Lo improbable)

Gorrión

El gorrión cayó de la acacia y se estrelló justo delante de Teresa. A ésta le pareció un mal presagio, aunque el pájaro estaba vivo y pugnaba por volar hacia el cobijo de los árboles. La culpa es del calor, dijo el camarero, que lo cogió con la mano y lo lanzó de nuevo hacia lo alto.
Teresa pidió un helado de limón. Había vuelto a salir del hospital con una excusa. Oyó cómo el gorrión llamaba a su madre con insistencia. Puso los pies sobre la silla de enfrente y se recostó. La sombrilla era de color rojo. Toda su ira y su cancancio concentrados en aquel gorrión.

(De La sombra y la penumbra)

Mientras ella trataba de concentrarse en el sexo de él, él no podía dejar de pensar en sus fichas. Aunque trataba de mostrar interés y realmente estaba excitado, le habría gustado decir: Espera, te hablaré de esto. Pero sabía que ahora, ahora no venía a cuento. Así que puso la mente en blanco, como si se pudiera, y se concentró en la chica y en las sensaciones contradictorias que le producía su presencia cada vez que concertaban una cita. Eligió una de aquellas sensaciones, deseo, y envió hacia ella toda la energía mental que era capaz de provocar, también como si se pudiera. Le costó muy poco excitarse más todavía. La chica lo notó, y dejó que ahora fuera él quien se ocupara de ella.

(De Ninguna necesidad)

Su madre había abierto una botella de Mirinda para él y para el Muerto. Luego había sacado dos vasos del mueble de la cocina: el líquido iluminó la cocina, las cortinas de tela portuguesa (vivían en la frontera) parecieron menos feas. El sol era naranja como la bebida y estaba encerrado fuera y se deshichaba en la tarde de julio.
[...]
De un puntapié tiró por el suelo cientos de fotografías.
No porciones de anatomía, ni paisajes alumbrados: puentes, barcos, un ferry. Bajo el sol del nuevo verano (ventanas del piso del Muerto abiertas de par en par) habían brillado como refreso de naranja. Aunque él sabía que perderían el color y el brillo enseguida.
Bajo el sol del nuevo verano.

Cerveza

Mis primero 20 litros de cerveza, que en realidad se trasnformaron en 10, por razones que no habíamos considerado, fueron producidos ayer.

Una cerveza amarga, fuerte y, por lo que presiento, por la cantidad que se produjo, poderosa.

En diez días terminará la fermentación primaria, luego el mes pasará en sus respectivas botellitas antes de probarla.

Así, así, así las cosas.

Norah Jones

Si alguien conoce a Norah Jones (1979)


díganle que la ando buscando

Tuesday, October 13, 2009

Sarah Brightman en Ciudad Juárez

Hace unos días la mujer valiente, Sarah Brghtman estuvo en Juárez y cantó antes 35000 personas.

Zerk Montecristo, boglero, periodista juarense y amigo, escribió una crónica de esa noche, para leerla, pique aquí.

Al final de la nota Zerk escribe lo siguiente, es puro ego, ya lo sé, pero qué podemos hacer, le agradezco el momento

Al apagarse la luz del escenario, el cielo se llenó de colorido y por más de 10 minutos las 35 mil almas ahí reunidas disfrutaron de los fuegos artificiales que marcaron el final del encuentro cultural, pero también abrieron una nueva perspectiva para continuar la vida en este terruño, llamado acertadamente una isla sin mar, por el escritor chihuahuense César Silva.


Sarah estuvo en Ciudad Juárez.

Sunday, October 11, 2009

Esto no es literatura


La nota que encontré en El país, habla sobre Romell Broom (dar click en el fragmento para seguir leyendo).

Yo, Romell Broom, preso en el corredor de la muerte de Lucasville (Ohio), fui llevado a mi ejecución por inyección letal el pasado 15 de septiembre. Tras sufrir 18 pinchazos fallidos a lo largo de tres horas, la ejecución fue suspendida. Ésta es mi declaración jurada de aquellos hechos.


Lean lo nota completa.

Sólo falta decir que Romell Broom es un convicto sentenciado a muerte en 1984 por la violación y el asesinato de Tryna Middleton, cuando ella tenía 14 años. Pero, según el abogado de Romell Broom, no fue un juicio justo, si lo hubiera sido, entonces, no estaría sentenciado a muerte.

Para leer más sobre Romell Broom, dar click aquí.

Satán me quiere


Robert Irwin, 1999

[...]
-Peter, prométeme una cosa -ha dicho entonces Sally.
-¿Qué?
-Tienes que prometerlo antes de que yo lo diga.
-No prometo nada sin saber primero qué es.
-Tienes qué prometerlo primero. Tienes que comprometerte a ciegas, si es que me quieres.
Odio estas pruebas a que me somete Sally, pero le he dicho que vale.
-¿Lo juras?
-Sí, lo juro.
Los ojos de Sally tienen un brillo extraño, y toda aquella porquería que tenía metida en la boca le daba un aspecto bastante grotesco.
-Está bien -ha dicho-. Acabas de prometerme que si me muero antes que tú, follarás conmigo cuando esté muerta.
-¡Y una mierda! ¡Ni hablar!
-Has jurado que lo harías. Será el último regalo que te haga. Tendrás que hacerlo mientras mi cuerpo todavía esté caliente. -Sally ha sonreído ligeramente-. En caso contrario, mi fantasma te perseguirá

[...]

La mayoría de los rituales mágicos en los que he participado hasta el momento son bastante aburridos. (¿Quién fue el idiota que dijo que el Diablo tenía la mejor música? Claramente nadie familiarizado con los rituales de la magia croleyana. Todavía no he oído nada que esté a la altura de «Onward Christian Sodiers» o «Jerusalem».) El oficio solamente ha sido amenizado por el hecho de que la cabara se ha escapado antes de que Felton pudiera sacarle el cuchillo de la tráquea.

[...]

En cuanto he salido del baño me he puesto inmediatamente a escribir todo esto. ¿Qué pensaré sobre el día de hoy cuando hayan pasado treinta años y yo abra un viejo cofre metálico, saque este viejo diario y lea estas líneas? ¿Quién será la persona que leerá estas palabras que el paso del tiempo habrá vuelto borrosas?[...]

Nota: He leído reseñas favorables acerca de Satán me quiere, coincido, tiene un humor interesante el cual, mientras avanza la novela, va siendo reemplazado por asuntos inquietantes y sórdidos, hasta cierto punto predecibles, pero lo predecible es algo que al final se justifica; la novela tiene un formato de diario, así que la perspectiva que tenemos es la del personaje principal, haciendo que esto funcione. Uno, el lector, sabe que no puede ser posible lo que sucede y desespera un poco esto. Lo único que pudiera decir es que tal vez se hubiera logrado el mismo efecto en menos páginas.

Thursday, October 8, 2009

Pos ahí ta: Herta Müller



Del diario El país

"Me he quedado muda", dice Herta.

La nota completa aquí.

La duodécima mujer Nobel.

Saturday, September 26, 2009

Chronic City


Jonatham Lethem, 2009

"Unimpressive", grunted Thatcher.
"Well, sure," said Abneg. "Totally unimpressive. I wanted to be like one of those apes in whatchamacallit, 2001, by whatsisname, Kubrick, you know, kneeling in fear before those slabs, getting brainzapped."
"I never saw 2001," said Harriet. "It's about apes?"
"Ap-men," said Thatcher helpfully.
"They should change the name of that movie," said Sharon Spencer beside me. "Since the real 2001 turned out so different."
"Listen," said Abneg, with exasperation that we hand't caught his real drift. "I'm trying to tell you about the Stonehenge restroom. I had to piss, so I went in there, it was a completely modern men's room, with all these floor-length ceramic urinals. They didn't have the wit to arrenge them in a circle, but the resemblance was obvious. And whereas everybody was jabbering with the whining children, in here the men were all silent, avoiding each other's eyes. Each of standing at a urinal or waiting our turn, and this profund truth comes over you, a feeling much bigger than anything available outside and across the road, which is that everyone in that restroom just did the exact same thing you did."
"Which is what?" said Naomi Kandel.
"Looked at Stonehenge," said Abneg. "And you were taking a piss, and then you were going to get back in your car."

Nota: Chronic City narra algunos meses en la vida de Chase y Perkus. O la vida de Perkus vista a través de Chase, ambos habitantes de Manhattan.
Personajes unidos por la marihuana llamada Chronic, un tigre, Marlon Brandon, un olor a chocolate que envuelve la ciudad, un sonido chillante que se escucha si no es posible oler el chocolate, una espesa y gris neblina, unos copos de nieve amorfos y una perra con tres patas e hipo. todo esto hilado por la vida de una astronauta, novia de Chase, atrapada en el espacio exterior, con remotas posibilidades de regresar a la tierra. Una novela tan divertida y extraña como Huérfanos de Brooklyn. Igual de necesaria, diría yo.

Friday, September 11, 2009

Un vestido de domingo


David Sedaris, 2004

A uno de nosotros debería atropellarlo un coche –dije–. Eso les serviría de lección. –Imaginé a Gretchen, con la vida pendiendo de un hilo, mientras mis padres recorrían los pasillos del hospital Rex deseando haber sido más conscientes. Era la solución perfecta. Con ella fuera del paso, el resto tendríamos más valor y un poco más de espacio para desplegarnos–. Gretchen, ve a tumbarte en la calle.
–Que lo haga Amy –dijo esta.
A su vez, Amy pasó el turno a Tiffany, que era la más joven y no albergaba ningún concepto de la muerte.
–Es como si durmieras –le dijimos–. Y encima te dan una camilla.
Pobre Tiffany. Era capaz de hacer cualquier cosa a cambio de un poco de afecto. Solo tenían que llamarla Tiff y te lo daba todo: la paga semanal, la cena, los contenidos de su cesta de Pascua. Sus ansias de complacer eran totales y puras […]
–¿Dónde?
Escogimos una llanura entre dos colinas, un lugar donde los conductores casi tenían que patinar fuera de control […]. El primer coche que pasó pertenecía a un vecino, un paisano yanqui que había colocado cadenas a las ruedas y que se detuvo a unos metros del cuerpo de mi hermana.
–¿Es una persona? –preguntó.
–Bueno, algo así –dijo Lisa. Le explicó que nos habían echado de casa y, aunque el hombre fingió aceptarlo como un argumento razonable, estoy seguro de que fue él quien nos delató. Pasó otro coche y fue entonces cuando vimos a nuestra madre avanzando con torpeza hacia la cima de la colina.

Nota: Este es un libro donde el autor narra fragmentos de su vida que van desde la infancia hasta la adultez, cuando su padre descubre que es gay, cuando una de sus hermanas se va a casar, cuando nace uno de sus sobrinos. Las situaciones tienen un poco de todo, humor, sarcasmo y… bueno, es un buen libro.

Thursday, September 10, 2009

Una isla sin mar, reseña III

Edgar Rincón Luna acaba de abrir su nuevo blog y para estrenarlo escribió sobre Enrique Serna y agregó la reseña que hizo a la novela Una isla sin mar.

En alguna parte dice:

Empezaré con dos lugares comúnes, todas las ciudades son una sola y toda ciudad es un abismo, de ahí que sea imposible huir de ellas, habrá señales, amigos que nos inviten a seguir su ejemplo, habrá paisajes que nos resulten atractivos, canciones que nos hagan pensar en otros sitios; ¿pero en verdad es posible huir de las cosas que nos habitan? ¿es decir de la ciudad que ha envejecido con y en nosotros? ¿Es posible arrancarse de la memoria esa parte a la que pertenecemos sin salir lastimados?


Si quieren seguir leyendo dar click en el párrafo o aquí.


También en Dia Siete aparece un breve comentario sobre la novela.

dice así

El dilema del arraigo
Martín es un ingeniero que ha trabajado años en una maquiladora. Su vida transcurre entre los pedidos de las trasnacionales, el abandono de una mujer, Eme, y el recuerdo y la presencia de sus amantes, siempre bajo la complicidad de su mejor amigo, un escritor en ciernes. En un sueño recurrente, un hombre le pide marcharse de Ciudad Juárez. Algunos de sus amigos se han ido, otros están por hacerlo. Pero él no encuentra ningún motivo para abandonar el terruño. La geografía de la frontera, el clima y la violencia están presen- tes sutilmente en la segunda novela de César Silva Márquez (Ciudad Juárez, 1974), uno de los escritores mexicanos más sobresalientes de su generación. Su obra destaca por un manejo inteligente del lenguaje, al que no abruma con artificios ni con un caló regional forzado por el marketing. Con Los cuervos obtuvo el Premio Binacional de Novela Joven Frontera de Palabras 2005.
(César Silva Márquez. Una isla sin mar. Mondadori. Barcelona, 2009, 164 p.)

Friday, September 4, 2009

México Distrito Editorial

Esta ya es una nota vieja, pero aqui va.

Yo la tomé del diario La vanguardia, pero está también en la revista Ñ

LA nota comienza

Este 2009, a la chita callando, está siendo el año prodigioso de la literatura mexicana.

Una isla sin mar, una vez más

Para los interesados

La cafebrería S&L, en Ciudad Juárez, me dice que va a recibir libros de Una isla sin mar muy pronto.

Les paso el dato por si están interesado en comprar un exemplar.

El teléfono de la cafebrería S&L es: 656-611-6541. Esto es en ciudad Juárez.

Su correo electrónico es: cafebreriasyl@gmail.com

El contacto es, por supuesto, mi amiga: Claudia Soto

Tuesday, September 1, 2009

Friday, August 28, 2009

Tuesday, August 25, 2009

Chronic City


Jonathan Lethem, octubre 2009

Presumo lo siguiente.

Gracias a la generosidad de Bernardo Jauregui, recibí de él esta Advance Copy de la nueva novela de Jonathan Lethem.

Mi amigo Bernardo trabaja en una biblioteca en El Paso, Texas. También escribe reseñas. Por tal motivo tenía esta copia en su poder. Transcribo la carta del editor que acompaña al volumen como primera página:

William J. Thomas
Publisher
Editor-in-chief

March 2009

Dear Reader:

Despite the oft-proclaimed death of fiction, it is still the novel, uniquely among art forms, that can best tell us who we are and what our world is like beneth the caterwaul of threeday media sensations and evanescent celebrity.

Jonathan Lethem has written seven previous novels, each one different yet instantly identifiable as the work of this contemporary American master. All of them point to this extraordinary book. Everything Jonathan has learned-as the writer, and as a human being-he has pourd into this ferocious, delirious, savagely entertaining roar of a novel.

The first time I read Chronic City, I was deeply unsettled and powerfully moved by the intesity of his vision and what it conjured in my own life. Further reading have only heightened my sense that Jonathan has written a novel that illuminates our benighted times as only a great novel can do.

With best wishes,

William J, Thomas
Publisher & Editor-in-chief
Doubleday


Me interesan las palabras entertaining roar of a novel.

La novela saldrá a la venta en Estados Unidos el 13 de octubre de 2009.
Así que viendo al futuro, unos cuantos meses al menos, podré leer antes lo que otros ansían y aún no tiene. Si la novela es de mi agrado y no veo por qué no, ya saben, aparecerá aquí.
Por mientras le doy las gracias de nuevo a mi amigo Bernardo y hasta el Paso, Texas, un abrazo.

Me pregunto si esta novela quedará en Random House Mondadori. Solo los meses lo dirán.

Monday, August 24, 2009

Friday, August 7, 2009

Sarah


J. T. Leroy (Laura Albert), 2000

Aquella noche no llovió. Hubo rayos y truenos, y cayeron cuatro gotas, pero nada más. aquel milagro era, sin lugar a dudas, competencia de una santa que había triunfado sobre el hechizo de una culebra. Algunos aseguraron haber visto fresnos en llamas tras caerles un rayo, indicio de la proximidad de una culebra. Pero Stella dijo que nunca faltan herejes celosos para extender falsos rumores.

Aquella noche Pooh ganó muy poco dinero. Todos los camioneros fueron a ver a la santa que yacía sobre las sábanas de raso con estampado de piel cebra. Rezaron en voz baja por el camión Kenworth de edición limitada, con cama de agua térmica en la cabina, y para que desapareciera aquella extraña quemazón que notaba en la entrepierna. Le Loup encendía velas y les estrechaba la mano a los camioneros quizá demasiado fuerte, hasta que se mostraban más generosos a la hora de dejar dinero en la bandeja.

Los reporteros de la televisión y los periodistas no se presentaron, pero de todos modos las prostitutas tomaron clases de Cosmética Mary Kay e hicieron una buena provisión de tonos en la gama del marrón y el beige, los que más favorecían ante las cámaras, por si acaso.

[…]

Tras quitar la mano de la frente del camionero, Pooh y yo nos miramos fijamente en silencio. Hubo un instante de complicidad, como cuando sorprendes a alguien que se está masturbando en el cuarto de baño.

Nuevo LINK

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Ezequiel Martínez en su blog En minúscula.
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Wednesday, August 5, 2009

El nombre del mundo


Denis Johnson, 2000

Encontré el aula a unos pocos metros y me asomé por la puerta entreabierta para ver a un grupo de estudiantes, digamos que un par de docenas de ellos, la mayoría despatarrados en el suelo, otros sentados en banquetas altas, todos vestidos y adornados según la moda tan expresiva como desaliñada de los integrantes de todo departamento de arte. Habían puesto los caballetes a un lado y las banquetas y sillas juntas y ordenadas. El aula, una habitación grande, se encontraba en completo silencio. Pero yo no podía ver ninguna performance, nadie estaba actuando, a pesar de que podía ver perfectamente buena parte del aula. Entré sin hacer ruido y me senté en uno de los pupitres de madera junto a la puerta, sintiéndome más parte del batiburrillo de cajas, trapos y caballetes que del público. Ahora podía ver en una de las esquinas más cercanas del aula, en una pequeña plataforma, a una mujer sentada sobre una mesa con las piernas bien separadas, el pie izquierdo subido, y el derecho colgando. Una mujer joven, completamente desnuda de cintura para abajo a excepción del calzado –un par de zapatillas negras y altas, con los cordones desatados, uno color púrpura o algo así, oscuro, y el otro blanco o gris– y concentrada en afeitarse su monte de Venus cubierto de espuma de jabón. Utilizaba una de esas maquinillas desechables de color rosa. Me senté lo suficientemente cerca para apreciar todos estos detalles y colores. La mujer tenía problemas con esta operación, daba golpes como pinceladas con su maquinilla para acto seguido enjuagarla con vigor en un bol con el esmalte cuarteado y lleno de agua; hacía esto cada dos pasadas de la maquinilla que, luego, sustituía por otra que secaba de una bolsa de plástico llena de maquinillas.
Tardé un poco en reconocer en ella a la chica que había conocido en casa de Ted Mackey la misma noche en que me había cruzado con Heidi Franklin.

No tengo miedo


Niccolo Ammaniti, 2001

Dentro hacía más frío.
La piel del muerto estaba manchada, llena de costras de barro y mierda. Estaba desnudo. Parecía tan alto como yo, aunque era más delgado. Estaba en los huesos; se le marcaban las costillas. Debía tener más o menos mi edad.
Le toqué la mano con la punta del pie, pero no dio señales de vida. Levanté la manga que le cubría las piernas. Alrededor del tobillo tenía una gruesa cadena con un candado. La piel estaba pelada y rojiza. De la carne emanaba un líquido transparente y denso que goteaba sobre los eslabones oxidados de la cadena, atada a una argolla enterrada.
Quería verle la cara. Pero no quería tocarle la cabeza. Me hacía mucha impresión.
Al final, titubeando, alargué la mano y cogí con dos dedos una punta de la manta, e iba a quitársela de la cara cuando el muerto dobló de pronto una pierna.
Cerré los puños y abrí la boca, sintiendo como si una mano helada hubiera agarrado mis partes.
El muerto se incorporó entonces como si estuviera vivo y sin abrir los ojos me alargó los brazos.
Los pelos se me pusieron de punta, reprimí un grito, di un brinco hacia atrás, tropecé con el cubo y la mierda se espació por todas partes. Acabé de espaldas en el suelo, gritando.
También el muerto empezó a gritar.
Me revolví en la mierda hasta que con un brinco desesperado me agarré por fin a la cuerda y salí de aquel hoyo como alma que lleva el diablo.

Thursday, July 30, 2009

Burroughs y Kerouac -- McCarthy y Kerouac


. . . . . . . . . . . . . . . . . B


. . . . . . . . . . . . . . . . . K

La realidad invade el policial que crearon Burroughs y Kerouac

Las fotos son de la Revista Ñ, del diario El Clarín.

Para seguir leyendo dar click en el párrafo siguiente.

Fue escrita en 1945 por los dos amigos, en capítulos más o menos alternados -varios años antes de sus respectivas primeras novelas y más de una década antes de On the road (En el camino) de Kerouac (1957) y Naked lunch (El almuerzo desnudo) de Burroughs (1959), que los hicieron famosos-.

También se puede leer lo siguiente sobre J. Kerouac y C. McCarthy, igual, en Revista Ñ.

On the Road y The Road son el Génesis y el Apocalipsis del mito del camino estadounidense. Cuando se publicó, la novela de Kerouac se convirtió en una especie de manual espiritual, un texto evangélico para miles de jóvenes que, emulando a los protagonistas, se lanzaron a las rutas en búsqueda del mismo eso que buscaban Paradise y Moriarty. La novela de McCarthy es todo lo contrario: un vislumbramiento de los Ultimos Días donde se separarán los Justos de los Insalvables.

Y no es casual que la sombra que se proyecta sobre las dos novelas y sus autopistas sea la de la bomba nuclear, la gran nube apocalíptica en forma de un hongo colosal. La acción de On the Road ocurre en 1947, dos años después que el avión Enola Gay soltó una bomba bautizada Little Boy sobre Hiroshima. Hacia el fin del viaje, Sal Paradise, el alter ego de Kerouac, mira por la ventanilla del auto a los campesinos mexicanos y piensa: "Vinieron desde las montañas y los lugares más altos para estrechar sus manos con algo que pensaron que la civilización podría ofrecerles... No sabían que había venido una bomba que podría quebrar todos nuestros puentes y caminos y reducirlas a escombros, y que nosotros seríamos tan pobres como ellos un día, extendiendo nuestras manos de la misma manera".

Tuesday, July 28, 2009

Watchmen


Alan Moore / Dave Gibbons, 1986

Rorschach’s journal. October 12th, 1985.

Dog carcass in the alley this morning, tire tread on burst stomach. This city is afraid of me. I have seen its true face. The streets are extended gutters and the gutters are full of blood and when the drains finally scab over, all the vermin will drown. The accumulated filth of all their sex and murder will foam up about their waists and politicians will look up and shout “save us!”… and I´ll look down and whisper “no.”

[…]

Paid last respects quietly, without Fuss. Edward Morgan Blake born 1924. forty-five years a comedian, died 1985, buried in the rain. Is what happens to us? A life of conflict with no time for friends… so that when it´s done, only our enemies leave roses. Violent lives, ending violently. Dollar bill, the Silhouette, Captain Metropolis… we never die in bed. Not allowed. Something in our personalities, perhaps? Some animal urge to fight and struggle, making us what we are? Unimportant. We do what we have to do. Others bury their heads between the swollen teats of indulgence and gratification, piglets squirming beneath a sow for shelter… but there is no shelter, and the future is bearing down like an express train. Blake understood. Treated it like a joke, but he understood. He saw the cracks in society, masks trying to hold it together… He saw the true face of the twentieth century and chose to become a reflection, a parody of it. No one else saw the joke. That´s why he was lonely.
Heard joke once: man goes to the doctor. Says he´s depressed. Says life seems harsh and cruel. Says he feels all alone in a threatening world. Where what lies ahead is vague and uncertain. Doctor says “treatment is simple. Great clown Pagliacci is in town tonight. Go and see him. That should pick you up.” Man burst into tears. Says “ but doctor... I am Pagliacci.” Good yoke. Everybody laugh. Roll on snare drum. Curtains.

Monday, July 27, 2009

Miedo y asco en Las Vegas


Hunter S. Thompson, 1971

1

Estábamos en algún lugar de Barstow, muy cerca del desierto, cuando empezaron a hacer efecto las drogas. Recuerdo que dije algo así como:
-Estoy algo volado, mejor conduces tú...
Y de pronto hubo un estruendo terrible a nuestro alrededor y el cielo se llenó de lo que parecían vampiros inmensos, todos haciendo pasadas y chillando y lanzándose en picado alrededors del coche, que iba a unos ciento sesenta por hora, la capota bajada, rumbo a Las Vegas. Y una voz aulló:
-¡Dios mío! ¿Qué soin esos condenados bichos?
Luego se tranquilizó todo otra vez. Mi abogado se había quitado la camisa y se echaba cerveza por el pecho para facilitar el proceso de bronceado.
-¿Qué diablos andas gritando? -murmuró, mirando fijamente hacia arriba, hacia el sol, los ojos cerrados y protegidos con unas de esas gafas españolas que van enganchadas atrás.
-No es nada -dije-. Te toca conducir a ti.
Pisé el freno y enfilé el Gran Tiburón Rojo hacia el borde de la carretera. Pensé que no tenía objeto mencionar aquellos vampiros. Muy pronto los vería el pobre cabrón.

Los hermosos años del castigo



Fleur Jaeggy, 1989

Al día siguiente, el hotel no logró mantener en secreto la noticia: la señortia más joven, tenía mi edad, se había ahorcado con la cortina de flores y hojas, en su cuarto. Para no perturbar a los clientes fueron discretos y no se vio el cadáver. la apariencia no violó el orden natural de las cosas. Es cierto que un suicidio no cabe en el orden natural de las cosas. Pero ¿cuál fue la diferencia? Volvieron a cerrar la cortina en la habitación. Yo pensaba en el invierno en el hotel. EN las ramas de los árboles, los carámbanos lagrimeaban, en la primavera se derretirían. Nunca los vi mientras se derretían.

Aquí está Frédérique. Se sienta. Su rostro está cerca del mío. Nos miramos. ¿Es un sortilegio el que une a los amantes? Bromeamos. Ella sonríe. Es nuestro encuentro. «¿Qué has hecho con la muñeca?» Me miraba fijo a los ojos. La muñeca, explicó con paciencia, la que regalaba el colegio, la Sankt GAllen, con el traje y la cofia. «Yo la tiré enseguida», dije. «No, tú no la tiraste, debes buscarla, la habrás dejado en alguna parte. Verás como la encontrarás, pero seguro que no la tiraste»
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Monday, July 13, 2009

Ya sé, ya sé, pero si no soy yo, ¿quién?

Una Isla sin mar ahora es e-book.
Este promo lo hizo J. Xavier Velasco para la novela Una isla sin mar. Espero les agrade.

Friday, July 10, 2009

El cuento: la casa de lo fantástico


Magali Velasco Vargas, 2007

El género fantástico se ha regido por lo infantástico, es decir, por lo negativo, lo opuesto, lo inexistente: lo increíble de Gautier, el no-muerto de Stoker, lo innombrable de Lovecraft, lo inconcebible e inaudito de Caillois y de Vax, lo incierto de Bessière. Lo infantástico es la fuerza hiperbólica, la poética de lo innombrable, el secreto hermenéutico que duerme en la semántica de cada cuento fantástico. La poética de lo indecible no fractura el relato, al contrario, unifica la semiosis interna e infinita: un secreto revelará otro más.

En los relatos que elegí para conformar un ensayo sobre el Cuento Mexicano Fantástico, encontré que la poética de lo innombrable provoca un desasosiego que no fisura el discurso de manera violenta o abrupta; lo fantástico transita entre metaficciones, se engrana como una perfecta maquinaria, es una caja de música que al abrirse revela una bailarina girando al ritmo de la melodía, su secreto es el imán y más al fondo el mecanismo de cuerda y más al fondo aún, la estructura metálica que vibra y hace sonar la magia.

Lo fantástico es exigente. Demanda de su creador precisiones narrativas edificadas sobre indeterminaciones discursivas: la historia se construye con la precisión del arquitecto y con lo inalcanzable del alquimista. En el terreno del lector, lo fantástico deja la exigencia a un lado y se dispone a la interpretación. En la recepción del texto radica la poética del silencio, de lo indecible. [...]

Un tema no hace fantástico un cuento, tampoco una época, una nación, una cultura o una religión; es el escritor de cualquier latitud quien decide abordar cualquier evento desde dicha perspectiva. Todo puede transformarse en fantástico, la clave está en la formulación discursiva, en los motivos encadenados que cohesionan una narración. El punto de vista del escritor es lo escencial, y su lectura, lo primordial. Sea este ensayo tan sólo una invitación a recorrer profundamente la geografía del cuento fantástico en México, su historia, su devenir y su futuro canon.

Vientos Machos


Magali Velasco Vargas, 2004

(Nation)

Un hombre en París sube al metro en la estación de Auber, línea A con dirección a Marne la Vallée. Son las seis y diez minutos, ha terminado la jornada de trabajo y lo único que tiene en mente es regresar a casa, con sus hijos y sus dos mujeres. Lleva tres meses trabajando en la construcción y el dolor en los pulmones se ha extendido hasta el estómago. Después de veinte años de albañil es la primera vez que sufre con semejante intensidad los estragos del trabajo. En el Senegal, donde nació, la temperatura le ayudaba a controlar el asma, pero aquí...

La boa metálica se detiene en Châtelet, una estación caótica e impersonal de la Ciudad de los Laberintos. Las compuertas se abren, entra una marejada humana que invade el reducido espacio con aromas de todo tipo. El africano se aprieta a un costado del vagón, deja pasar a una mujer de cabellos rubios, peinados por el viento, separados en gajos por el cebo. La mujer lleva en las manos unos girasoles. Su rostro parece de cera, la expresión de asco acompaña los constantes resoplidos. Bufa. Cuatro jóvenes entran a la fuerza comprimiendo a la gente. De sus walkman escapan ritmos parcos, torturantes; visten jeans, camisetas largas y amplias, tenis Adidas, Puma y Nike; uno de ellos lleva en la bolsa del pantalón una piedra de hash. El hombre del Senegal, Camille, piensa en sus dos hijos mayores, los imagina en unos tres años hechos unos adolescentes parisinos. Se entristece.

Acapulco, Acapulco el 18 de julio

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Después de 29 años, no recuerdo bien, hace mucho de eso, regreso a Acapulco.


Ya nos veremos por allá.

Tuesday, July 7, 2009

Mis rincones oscuros


James Ellroy, 1996.

Una vulgar noche de sábado acabó contigo. Moriste de manera estúpida y violenta, y no tuviste los medios para defender tu vida.
Tu huida a la seguridad fue un breve respiro. Me llevaste a tu escondite como un amuleto de la buena suerte. Te fallé como talismán; por eso, ahora me presento como tu testigo.
Tu muerte define mi vida. Quiero encontrar el amor que nunca tuvimos y explicarlo en tu nombre.
Quiero hacer públicos tus secretos. Quiero borrar la distancia que nos separa.
Quiero darte aliento.


1

La encontraron unos chicos.
Eran jugadores de la liga Babe Ruth, que habían salido a lanzar unas cuantas bolas. Tres entrenadores adultos caminaban detrás de ellos.
Los chicos vieron un bulto en la franja de hiedra que llegaba hasta el bordillo. Los hombres vieron unas perlas en la acera. Se produjo un ligero salto telepático.
[...]
Se trataba de una mujer, de raza caucásica. Tenía la piel muy clara y era pelirroja. Debía rondar los cuarenta años. se hallaba tendida boca arriba en un macizo de hiedra a pocos centrímetros del bordillo.
El brazo derecho estaba vuelto hacia arriba. La mano descansaba en el suelo, poco centímetros por encima de la cabeza. El brazo izquierdo estaba doblado por el codo y cruzaba el cuerpo a la altura de la cintura. la mano se veía crispada; las piernas, extendidas y abiertas.
Llevaba puesto un vestido azul marino de escote generoso, sin mangas y ligero. Un gabán azul oscuro con forro a juego cubría la mitad inferior del cuerpo.
Los pies y los tobillos quedaban a la vista. el pie derecho estaba descalzo. En torno al tobillo izquierdo tenía enrollada una media de nailon.
El vestido estaba ajado y tenía los brazos cubiertos de picaduras de insectos. La lengua asomaba entre los labios y el rostro presentaba varias magulladuras. El sujetador estaba desabrochado y subido por encima de los pechos. Al rededor del cuello tenía una media de naylon y un cordel de algodón, ambos firmemente anudados.
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Huérfanos de Brooklyn


Jonathan Lethem, 1999

-Acabo de recordar algo que Frank dijo una vez sobre ti, Lionel.
-¿Qué cosa? -Bajé lentamente una mano y le ofrecí el cigarro encendido, pero lo rechazó con un gesto de la cabeza. Así que lo tiré al suelo y lo aplasté con el zapato.
-Dijo que le resultabas útil porque te volvía loco que los demás creyeran que eras estúpido.
-Conozco la teoría.
-Creo que yo he cometido el mismo error. Y Tony, y Frank antes que él. Dondequiera que vayas, todo el que GErald quiere ver muerto acaba asesinado. No quiero ser la siguiente.
-Piensas que yo maté a Frank?
-Has dicho que tenemos la misma edad, Lionel. ¿Tú veías Barrio Sésamo?
-Pues claro.
-¿Te acuerdas de Snuffleupagus?
-El amigo del pajarraco.
-Exacto, solo que nadie puede verlo excepto el pájaro. Creo que el gigante es tu Snuffleupagus, Lionel.
-¡Esnifaelpavus! ¡Quesuncontentus! El gigante existe, Julia. Aparta la pistola.
-No me lo creo. Atrás, Lionel.
Di un paso atrás, pero al mismo tiempo saqué la pistola de Tony. Vi cómo Julia tensaba los dedos cuando la apunté, pero no disparó, yo tampoco.
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Saturday, July 4, 2009

Una isla sin mar, reseña II

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Me escribe tránsito - Ingacio.

En su blog, Huracanes en papel, encuentro la siguiente reseña de Una isla sin mar.

En algún momento Ignacio escribe:

Una isla sin mar posee el aroma del café veracruzano e irradia el calor de un cielo nítido y seco mexicano. Escrita a pulsos lentos nos agarra para que acompañemos a Martín por las orillas de su vida, en esa bóveda donde todo acaba o se inicia. Poco a poco y juntando trozos del espejo nos muestra la naturaleza de su inquietud por evadirse. Los recuerdos del pasado universitario, las aventuras amorosas de la juventud, el sexo impaciente, la prisa por vivir y una crisis automotriz del sector del automóvil juarense que hiere inevitablemente su instinto de ubicación, de permanencia o deserción.

Dar click aquí para seguir leyendo.

Gracias.
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Tuesday, June 23, 2009

Acerca de los pájaros



António Lobo Antunes, 1983

Qué bonito era tu cuerpo con el culo a ras de suelo, cómo me exitaban tus nalgas: abrazarte por detrás, hacerte sentir el pene en la espalda, aspirar el perfume confuso, variable, del pelo. Ese pliegue de tus muslos, la forma de la boca, la tonalidad densa, color uva, de los ojos. Y además me gusta tanto que duermas maquillada, voy a sentir la falta de rímel en la sábana, voy a echar de menos deleitarme en la piel clara, firme, de tu vientre, los leves surcos blanquecinos de los partos en la curva de los riñones.

[...]

La humedad se adhería a las palabras de ellos, un vapor lento, envolvente, pegajoso: febrero, pensó, quién me manda decidir sobre mi vida en febrero, querer volver a las habitaciones alquiladas en invierno, a veinte escudos más por ducha, sin derecho a visitas, sin derecho a usar el televisor, teniendo que ahorrar en calefacción, en agua, en el propio aire que se respira. Quién me manda cambiar de vida a los treinta y tres años, qué estúpido.

[...]

y en esto el mar repleto de albatros, la línea obtusa de la espuma, la extensión horizontal, color serrín, de la playa, y de nuevo los albatros avanzando en el ángulo recto de azul denso de la película, la forma ahusada de los cuerpos, los picos pálidos abiertos, los plumeros achatados de las alas, decenas, centenares, millares de pájaros de los cuales se atisban los graznidos, los gritos, los leves gemidos de niño, pájaros posados en las rocas desafiándose o combatiéndose, hinchando el pecho, furibundos, apasionados, alegres, llamándose, provocándose, alejándose, mi padre solo filmaba pájaros y los invitados fruncían comentarios sesudos y necios, encendían puros, echaban cubitos de hielo en los vasos de whisky...
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Sunday, June 14, 2009

Nana


Chuck Palahniuk, 2002

La falda del traje que lleva se ajusta a sus caderas. Es verde, pero no verde lima, sino más bien del color verde de una tarta de lima de los cayos. No es verde aguacate, sino más bien verde como una crema de aguacate con una tira encima de limón fina como el papel, servida helada en una sopera de Sèvres amarilla.
Es verde igual que una mesa de billar recubierta de fieltro verde se ve bajo la bola amarilla número 1, no de la forma en que se bajo la número 3 roja.

[…]

Todo lo que había fuera del coche era amarillo. Amarillo hasta el horizonte. No un amarillo limón, más bien un amarillo pelota de tenis. Era del color de una pelota sobre una pista de tenis de color verde brillante. El mundo a ambos lados de la autopista es todo de ese color.

Nota: después de Asfixia, esta novela es mi segunda preferida de CP.

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Los perros de Riga


Henning Mankell, 2002 (1992)

El olor áspero a lana húmeda.
De ese modo recordaría Kurt Wallander aquel trayecto nocturno por las calles de Riga. Se había agachado e introducido en el asiento trasero, y antes de que los ojos se le acostumbraran a la oscuridad, unas manos le cubrieron la cabeza con una capucha que olía a lana. Al cabo de un rato estaba sudando y empezó a picarle la piel. pero el miedo, la aguda impresión de que todo iba mal, desapareció en el mismo isntante que entró en el coche. Una voz, que suponía pertenecía a las mismas manos que le habían puesto la capucha, intentaba calmarle.
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Wednesday, June 10, 2009

Nathan Zuckerman, 50 años después



Norman Manea, 2009.

De paseo con Nathan.

[...]

Nathan permaneció callado. Comprendí que prefería quedarse en su refugio de las montañas Berkshire. Pero al fin habló. Susurró, de hecho, como un anciano:
–El señor Fulano de Tal publicó otro libro. No aparezco. Uno más viene en camino. No aparezco. Y un tercero ya está en su escritorio y tampoco figuro en él. Dile que sé todo. Incluso aquí, en el bosque, me entero de todo.
Luego el silencio, y después otro susurro:
–Sí, ya sé que vas a hablar. Sobre mí, según me dijeron. Sobre mí... OK, no me importa. Está bien porque ya no me interesa. De acuerdo. Sé breve y cuida tu acento y tu ironía rumano-dadaísta. Eso es todo. Adiós, muchachos.

El texto completo está aquí, en Letras Libres. Traducción de Mauricio Montiel Figueiras

más información Aquí

Azul casi transparente


Ryu Murakami, 1976

Cuando aplastas cucarachas, sale un jugo de diferentes colores. Las tripas de ésta debían estar llenas de rojo.
Una vez, cuando aplasté una cucaracha que andaba sobre una paleta de pintor, salió un líquido color violeta. No había pintura violeta en la paleta, pensé que el asul y el rojo debían haberse mezclado en su minúscula tripa.
[...]
Anuncios de neón que taladraban los ojos y faros de coches viniendo de frente cortando el cuerpo en dos, camiones que pasaban con un fragor como el de enormes cataratas, grandes árboles que de repente se cruzaban en nuestro camino y ruinosas casas abandonadas al borde de la carretera, fábricas con misteriosas máquinas alineadas y llamaradas asomando por chimeneas, la carretera desparramándose como acero fundido en unos altos hornos.
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Tuesday, June 9, 2009

Reymond Carver


En Revista Ñ tenemos Ser o no ser Raymond Carver

En Wikipedia, que te manda a THE NEW YORKER, tenemos esto

La pregunta aquí es: ¿cual de los dos es el preferido?
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Friday, May 29, 2009

Friday, May 8, 2009

El hijo del coronel



David Ojeda, 2008

Así han sido mis últimos diez años: un forcejeo permanente entre yo y yo. De verdad: entre yo y yo. El yo alcohólico –necio y escéptico, iluso y loco, inerme– y el yo que obra en sociedad: mesarudo y moralino y tonto. Por eso no dudo en confesar que tengo este sueño, que como Luther King acaricio un sueño, el del planeta convertido en una gran fiesta de borrachos buenos y sabios, beodos con dos certezas fundamentales: que su bebida no se agotará y que sabrán mantenerse en ese nivel de intoxicación entusiasta, no desmesurada, en el cual los dioses bajan a conversar con ellos, las mujeres los desean y no se les oponen, los amigos comparten el pan y la alegría en una sociedad pacífica y justa donde el mundo natural se halla en armonía y belleza. Bonito, ¿verdad?

Thursday, May 7, 2009

sí, ya sé, pero si no lo hago yo, ¿quién?

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Este mensaje es para los dos o tres chícaros que viven en Ciudad Juárez y pasan por aquí.

Una isla sin mar ya está a la venta en la Cafebrería S & L

Más información da click AQUI
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Monday, March 23, 2009

Una isla sin mar


César Silva Márquez, 2009

Hay guerras, lluvias de sangres, explosiones y pestes, pero todo es tan lejano, me levanto de mi lugar y veo por la ventana el cielo, veo los cerros y la paz del aire y el polvo es tal que no hace más que tranquilizarme. La hora no importa. La luz amarillenta y los ruidos mínimos que me rodean pueden estar aquí día y noche. Si me desentendiera del reloj, no tendría la menor idea del momento que habito. En este lugar no existe el tiempo. Las lámparas siempre están encendidas. Las sombras no se mueven, no se arrastran ni se esconden o alargan, simplemente están. La temperatura es la misma a cualquier hora del día.
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Thursday, March 19, 2009

Lunar Park


Bret Easton Ellis, 2005

Le pregunté al escritor cómo se esconde algo que no está vivo.
Le pregunté al escritor cómo engañas a algo que no está vivo para que salga de su escondite.
Lo cual silenció momentáneamente al escritor. El silencio terminó por preocuparme.
El escritor se reactivo cuando me acerqué a la ventana de Sarah y bajé la vista hacia el seto y el gato descuartizado.
El escritor sugirió que fuéramos al cuarto de Robby.
[…]
La angustiosa teoría de Nadine Allen daba vueltas en el cuarto estéril.
La palabra «Neverland» empujó al escritor a mover el ratón.
El escritorio ocupó la pantalla
[…]
La palabra no era «Neverland».
La palabra era «Neverneverland».
Los chicos desaparecidos iban al País de Nunca Nunca Jamás.
El escritor me dijo que lo tecleara inmediatamente
[…]
El escritor, a mi lado, consideraba lo ocurrido, elaboraba teorías.
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Wednesday, March 18, 2009

Wednesday, March 11, 2009

Río Blanco


Mario Heredia, 2008

Desde estas regiones, a más de cinco mil metros, he visto desgarrarse el cielo y sangrar día y noche, he visto tanta agua, tanto mar, nubes, asteroides, he visto tantas cosas… Puedo mirar abajo y escudriñar entre los inmensos pinos, álamos, hules y ceibas, entre la gasa de niebla, a cientos de almas que aparecen y desaparecen tras las puertas de sus casas, los portones de los hospitales, de las parroquias, bajo la tierra al final de un camino; salen y se pierden entre las calles, plazoletas y fuentes. Desde estas alturas he podido observar a los ángeles regordetes descender hasta las nubes y sonreír a todo lo que sucedía, he visto al sol iluminarme, y a la luna, y conocer a cada estrella y una vez, una sola vez, pude mirar el ojo de Dios.
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Tuesday, March 10, 2009

Nunca fui primera dama



Wendy Guerra, 2008.

Hago la maleta, son muy pocos días, veo la ropa que ha usado mi madre. Me pregunto qué nos compone, qué sensaciones tengo al ser esto que soy, que hemos sido nosotras al final de todo. Abro la maleta mientras rezo:
Trusas tendidas al sol, lágrimas negras, reverbero, chancletas en una conga triste, colorete, azul de metileno, batas de casa, huevos fritos, dolor y perdón, ropa de una amiga, ojos pintados con apuro, ropas enfundadas en el cuerpo criollo, cartas perdidas, pelo largo con rolos, agua de violetas, piel de violetas expuesta al sol, bronceador de mantequilla, carmín en los espejos, sandalias con arena, jarrito en el baño para lavarse, suspicacia, machismo leninismo, llanto tras el orgasmo, cosquillas con sexo, ¿Papi, tú me quieres?, inteligencia callada, descalzas cocinando entre apagones, piernas extendidas en el suelo después de limpiar, movilizadas, citadas, cabeza envuelta en pañuelo, ellas van marchando casi bailando en el pelotón, trabajando con la hija que juega a su lado. Radio Reloj informa mientras se maquilla, carcajada con tristeza, café con leche y pan con mantequilla, baño de flores blancas y cascarilla, inhalaciones de eucalipto, arroz con frijoles en la olla de presión, sentir, decir, estallar, parir en colectivo, sexo sobre literas, almohadillas sanitarias hechas en casa, locas académicas bailadoras, amas de casa filósofas, de que Van Van, adiós sobre el arroz, Penélope’s del Caribe, profundidad relajada, plátano maduro frito, campismo nudismo, la foto de los quince en blanco y negro, casarse en tres días, divorcio a la cubana, lágrimas risueñas, las flores de Ochun, deseo, deseo, deseos por cumplir, botas rusas, minifaldas guerrilleras, ardor y sal, simples oraciones bajo las sábanas de los discursos.
En la multitud somos únicas, primeras damas fundidas con la muchedumbre.

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De qué hablamos cuando hablamos de amor



Raymond Carver, 1981

[De qué hablamos cuando hablamos de amor]

Terri dijo que el hombre con quien vivía antes de vivir con Mel la quería tanto que había intentado matarla.
Luego continuó:
—Una noche me dio una paliza. Me arrastró por toda la sala tirando de mis tobillos. Y me decía una y otra vez: «Te quiero, te quiero, zorra.» Y mi cabeza no paraba de golpear contra las cosas. —Terri nos miró—. ¿Qué se puede hacer con un amor así?

[…]

—Puede que no llame a mis hijos. Puede que no fuera tan buena idea. Puede que lo que hagamos sea irnos a cenar. ¿Qué os parece?
—A mí me parece bien —asentí—. Comer o no comer. o seguir bebiendo. Yo podría seguir hasta que anochezca.
—¿Qué quieres decir, cariño? —preguntó laura.
—Exactamente lo que he dicho —respondí—. Que podría seguir. Eso es todo lo que he dicho.
—Pues yo comería algo —confesó Laura—. Creo que no he tenido tanta hambre en mi vida. ¿Hay algo para picar?
—Sacaré queso y galletas —dijo Terri.
Pero Terri siguió sentada. No se levantó ni trajo nada.
Mel volcó su vaso. Lo derramó sobre la mesa.
—Se acabó la ginebra —anunció.
—¿Y ahora qué? —dijo Terri.
Oía los latidos de mi corazón. Oía el corazón de los demás. Oía el ruido humano que hacíamos allí sentados, sin movernos, ninguno lo más mínimo, ni siquiera cuando la cocina quedó a oscuras.

Monday, March 9, 2009

Aparta de mí este cáliz


Luis Humberto Crosthwite, 2009

La crucifixión era desagradable. Me decía: «Acepto esta cruz, pero tendrá que haber cambios».
[…]

Me gustaría que fuéramos al cine como lo hacíamos en Galilea. Una película de terror me caería bien […]

En el encierro las cervezas costaban una fortuna. Había quienes podían pagarlas, nosotros no. Sólo imaginábamos: me enseñó a poner la mano así, como si en ella hubiera un bote. Me imaginaba ese bote imaginario. Al principio sólo era aire, pero luego empecé a saborear el líquido fresco y espumoso.

[…]
Soy Jesucristo y algún día volveré a besarla.
Soy Jesucristo y la besaré apasionadamente.
Serán versos mesiánicos, salvadores; besos en sus manos y sus pies.
Soy Jesucristo y buscaré sus labios para besarla una tras otra.
He caminado sobre agua, he multiplicado pan, me he parado en montes y desiertos. Y lo he hecho todo por usted.
Aún me siento como un recién casado, con deseos de hablarle por teléfono cada minuto. Aún anhelo un futuro lleno de hijos y nietos, llenos de delicias.
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Monday, March 2, 2009

Una isla sin mar

Faltan 20 días.

Contraportada de Una isla sin mar (tomada de La casa del libro).

Cuando la huída se convierte en la única posibilidad de vivir. La cómoda existencia de Martín en Ciudad Juárez se ve súbitamente sacudida. Su novia lo ha dejado, su exitosa carrera atraviesa un mal momento y, por si fuera poco, sufre unos sueños recurrentes y extraños. En ellos, Martín visita su antigua casa paterna, donde un viejo de barba blanca le urge a huir de Juárez. Sin duda, Martín abriga sueños de fuga, moldeados por películas norteamericanas, el sopor de las costas del sur de México y la pulcritud de las ciudades californianas. Sin más horizonte que la posibilidad de una huida, la vida de Martín se enfila gradualmente hacia un limbo.
Una novela inteligente por una joven promesa de la literatura mexicana.
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Tuesday, February 17, 2009

Cafebrería S & L



No se hagan, compren libros, en Juárez, en la Cafebrería S & L.

Si no lo tienen, ellos lo encuentran. En la Zona Pronaf. Tel. 656-611-6541

Las cuatro estaciones


Stephen King, 1982

Rita Hayworth y la Redención de Shawshank

Supongo que en todas las prisiones federales y estatales de Estados Unidos hay gente como yo. Soy el tipo que lo consigue todo. Cigarrillos de encargo, una bolsita de yerba si es eso lo que te gusta, una botella de coñac para celebrar que tu hijo o hija han terminado el bachillerato, prácticamente cualquier cosa... bueno, dentro de lo razonable. No siempre fue así.
Cuando llegué a Shawshank tenía sólo veinte años, y soy una de las pocas personas de nuestra pequeña y feliz familia que no duda en cantar de plano lo que hizo. Cometí un homicidio. Le hice un buen seguro de vida a mi mujer, que me llevaba tres años, y luego preparé los frenos del cupé Chevrolet que su padre nos había ofrecido como regalo de boda. Y todo salió a pedir de boca, sólo que yo no había previsto que se parara a recoger a la mujer del vecino y al niño pequeño de la mujer del vecino de paso hacia Castle Hill y el pueblo. Los frenos fallaron, claro, y el coche irrumpió con estruendo entre los arbustos del linde del terreno comunal, a velocidad creciente. Los transeúntes declararon que debía ir a unos setenta y cinco o más cuando chocó con el pedestal del monumento de la guerra civil y se incendió.
Tampoco figuraba en mis planes que me atraparan, pero lo hicieron. […]

Cuando llegó a Shawshank en 1948, Andy tenía treinta años. Era un hombrecillo pulcro, bajito, de cabello pajizo y manos diestras. Usaba gafas de montura dorada. Llevaba siempre las uñas bien cortadas y limpias. Aunque resulte raro que eso sea lo que se recuerda de un hombre, a mí me parece que es lo que mejor resume a Andy. Tenía siempre aspecto de llevar corbata. En el mundo exterior, había sido vicepresidente del departamento de créditos de un importante banco de Portland. Excelente trabajo para un hombre tan joven como él, y más aún si consideramos lo conservadores que son la mayoría de los bancos... conservadurismo que habrá que multiplicar por diez en el caso de Nueva Inglaterra, donde la gente no confía a un individuo su dinero a menos que sea calvo, cojo y ande siempre tirándose de los pantalones para colocarse bien el braguero. Andy estaba en la cárcel por asesinar al amante de su esposa y a su esposa.
[…]
Claro que recuerdo el nombre. Zihuatanejo. Un nombre así es demasiado bello para olvidarlo.
Estoy nerviosísimo; tan nervioso que casi no puedo sostener el lápiz en mi mano temblorosa. Creo que es el nerviosismo que sólo un hombre libre puede sentir, un hombre libre que inicia un largo viaje cuyo final es incierto.
Tengo la esperanza de que Andy esté allá.
Tengo la esperanza de poder cruzar la frontera.
Tengo la esperanza de encontrar a mi amigo y estrecharle la mano.
Tengo la esperanza de que el Pacífico sea tan azul como en mis sueños.
Tengo esperanza.

La trilogía de Nueva York


Paul Auster, 1986

Fantasmas
En primer lugar está Azul. Más tarde viene Blanco, y luego Negro, y antes del principio está Castaño. Castaño le inició, Castaño le enseñó el oficio, y cuando Castaño envejeció, Azul le sustituyó. Así es como empieza. El escenario es Nueva York, la época es el presente, y ninguno de los dos cambiará nunca. Azul va a su oficina todos los días y se sienta detrás de su mesa, esperando que ocurra algo. Durante mucho tiempo no ocurre nada, y luego un hombre que se llama Blanco entra por la puerta, y así es como empieza.
El caso parece bastante sencillo. Blanco quiere que Azul siga a un hombre que se llama Negro y que le vigile todo el tiempo que haga falta. Cuando trabajaba para Castaño, Azul hacia muchos trabajos de seguimiento, y éste no parece diferente, quizá incluso más fácil que la mayoría.
Azul necesita el trabajo, así que escucha a Blanco y no le hace muchas preguntas. Supone que se trata de un caso matrimonial y que Blanco es un marido celoso. Blanco no da muchas explicaciones. Quiere que le mande un informe a la semana, dice, a tal apartado de correos, mecanografiado por duplicado en hojas de tal largura y tal anchura. Azul recibirá un cheque por correo todas las semanas. Blanco le dice luego a Azul dónde vive Negro, qué aspecto tiene, etcétera. Cuando Azul le pregunta a Blanco cuánto tiempo cree que durará el caso, Blanco le contesta que no lo sabe. Que siga mandando los informes hasta nuevo aviso, le dice.
Para ser justos con Azul hay que decir que lo encuentra todo un poco raro. Pero afirmar que tiene recelos en ese momento sería ir demasiado lejos. Sin embargo, le es imposible no advertir ciertas cosas de Blanco. La barba negra, por ejemplo, y las cejas excesivamente pobladas. Y luego está la piel, que parece exageradamente blanca, como si estuviera cubierta de polvos. Azul no es ningún aficionado en el arte del disfraz y no le resulta difícil notar ése. Después de todo, Castaño fue su maestro y en sus tiempos Castaño era el mejor del gremio. Así que Azul empieza a pensar que se ha equivocado, que el caso no tiene nada que ver con el matrimonio. Pero no va más allá, porque Blanco sigue hablándole y Azul necesita concentrarse en seguir sus palabras.

Una cuestión personal


Kenzaburo Oé, 1964

Finalmente, el director se quitó la pipa de sus gruesos labios y, sosteniéndola con una mano regordeta, enfrentó de pronto la mirada firme de Bird y preguntó:
—¿Quiere ver la cosa antes? —La voz sonó excesivamente alta para las circunstancias.
—¿El bebé está muerto? —preguntó Bird.
Durante un segundo, el director lo miró con extrañeza, pero en seguida borró la expresión con una sonrisa ambigua.
—Claro que no —dijo—. De momento, tiene voz fuerte y movimientos vigorosos.
Bird escuchó el suspiro profundo y grave de su suegra, como queriendo insinuarle algo. Si no hubiera tenido la boca bajo la manga del kimono, el suspiro habría sonado tan grotesco como el de un borracho y atemorizado a todos los presentes. O la mujer estaba por completo agotada o, caso contrario, había querido indicarle cuan profundamente era la ciénaga de la calamidad en que él y su esposa estaban metidos. Una de dos.
—Pues bien, ¿quiere usted ver la cosa?
El doctor situado a la derecha del director se puso de pie. Era un hombre joven, alto y delgado, con un rostro de pómulos salientes y ojos que en cierta forma desequilibraban su simetría horizontal: un ojo era móvil y de mirar tímido; el otro, sereno e inmóvil. Bird, que también se había puesto de pie, se derrumbó en la silla al darse cuenta que un ojo era de vidrio.
—¿Podría informarme antes, por favor? —dijo Bird con voz cada vez más atemorizada. En su mente, las palabras del director le inspiraban repulsión: «¡la cosa!».
—Quizá tenga usted razón. Cuando se lo ve por primera vez, resulta chocante. Yo mismo me sorprendí cuando salió.
Inesperadamente, los gruesos párpados del director enrojecieron y prorrumpió en una risita infantil. Bird había intuido algo peligroso bajo la piel peluda, y ahora supo que era esa risita que, antes de manifestarse, se revelaba como una sonrisa vaga.
[…]
—¿Qué es lo que resulta tan sorprendente?
—¿Se refiere a la apariencia, al aspecto que tiene? Pues, verá usted..., parece que tuviera dos cabezas. ¿Conoce la obra de Josef Wagner Bajo la doble águila?... De todos modos, impresiona.
El director estuvo a punto de comenzar otra vez con su risita, pero se contuvo justo a tiempo.
—Entonces ¿es algo así como los siameses? —preguntó Bird con timidez.
—En absoluto. Tan sólo parece que tuviera dos cabezas... ¿Quiere verle ahora?
—Pero, en términos médicos... —titubeó Bird.
—Lo llamamos hernia cerebral. El cerebro asoma por una abertura en el cráneo. Fundé este hospital cuando me casé y desde entonces nunca había visto un caso semejante. Es sumamente raro.
Puedo asegurarle que me ha sorprendido.

Wednesday, February 11, 2009

Diario, una novela


Chuck Palahniuk, 2003

En historia del arte te enseñan que el papa Pío V le pidió a el Greco que pintara encima de unas figuras desnudas que Miguel Ángel había pintado en el techo de la capilla Sixtina. El Greco aceptó, pero solamente si podía repintar el techo entero. Te enseñan que El Greco es famoso debido a su astigmatismo. Por eso distorsionaba los cuerpos, porque no veía bien: alargaba los brazos y las piernas de la gente y se hizo famoso por el efecto dramático resultante.
Fuera, una chica de la facultad de bellas artes pasó andando por la acera. Una chica cuya última obra había sido rellenar un oso de peluche de mierda de perro. Trabajaba con las manos enfundadas en unos guantes de goma tan gruesos que casi no podía doblar los dedos. […] Con los guantes de goma embadurnados de mierda marrón apenas podía sostener la aguja y el hilo de suturar rojo.
[…]
Otro chico de la clase de Misty se estaba masturbando e intentaba llenar de semen una hucha en forma de cerdito antes de fin de año. Vivía de los dividendos de un fondo fiduciario. Otra chica bebía témperas al huevo de colores distintos y luego jarabe de ipecacuana que le hacía vomitar su obra maestra. Iba a clase en un ciclomotor italiano que había costado más que la caravana donde creció Misty.