Tuesday, January 27, 2015

Festin de muertos. Zombis mexicanos.




Festín de muertos. Antología de relatos mexicanos de zombis

 

A Raquel Castro y a mí se nos ocurrió pedirle a 18 escritores mexicanos que escribieran un cuento de zombis. ¿Zombis? Sí, esa curiosa clase de muerto que camina. El resultado es Festín de muertos. Antología de relatos mexicanos de zombis, que justo acaba de salir de la imprenta y llegará a las librerías del país (y, se rumora, de Estados Unidos) en las próximas semanas. El libro ha sido editado por Océano, en su colección El Lado Oscuro. Por lo pronto, dejo el índice y algunas páginas.
Por cierto, fue a Vanessa García Leyva a quien se le ocurrió en 2010 ponernos a Raquel Castro, Cecilia Eudave y a mí a hablar de zombis en Casa Vallarta, en Guadalajara. AHÍ empezó este libro.


“PRESENTACIÓN: MUCHOS MUERTOS VIVOS DE MÉXICO, Raquel Castro y Rafael Villegas

LA OTRA NOCHE DE TLATELOLCO, Bernardo Esquinca
EL SÓTANO DE UNA CASA EN UNA CALLE APENAS TRANSITADA, Édgar Adrián Mora
EL DEBER DE LOS VIVOS, Jorge Luis Almaral
SHOW BUSINESS, Omar Delgado
DÍA DE MUERTOS, José Luis Zárate
LOS PRIMEROS ATARDECERES DEL INCENDIO, César Silva Márquez
SOBREVIVIR…, Cecilia Eudave
LOS SALVAJES, Alberto Chimal
LOS DÍAS CON MONA, Joserra Ortiz
LOS ZETAS, Bernardo Fernández “Bef”
EL PUENTE, Gabriela Damián Miravete
COMO CADA VEZ, Karen Chacek
SALA DE RECUPERACIÓN, Antonio Ramos Revillas
ANGELITO, Arturo Vallejo
LA PRIMERA EN LA FRENTE, Ricardo Guzmán Wolffer
SEÑOR Z, Carlos Bustos
EL HOMBRE QUE FUE VALDEMAR, Norma Lazo
EL LUGAR DEL HOMBRE, Luis Jorge Boone

La portada es de Richard Zela”


El principio del cuento Los primeros atardeceres del incendio, es el siguiente:
La fotografía fue tomada alrededor de las once horas. En ella, en primer plano y a la izquierda. Morena tiene los dientes hincados en el brazo de Saldaña. Su expresión es tibia, es la expresión de alguien que presencia un accidente automovilístico en la distancia. El brazo de Saldaña se ha convertido en un retazo de carne. Un pedazo de algo que está perdiendo calor, algo que antes funcionaba para sujetar, saludar o bañarse. Los ojos de Morena están vacíos, cierta automaticidad en ellos nos dice que es una máquina de comer. En la mirada de Saldaña hay sorpresa y su boca abierta lo confirma. De alguien más es el brazo que están mordiendo, de alguien más la piel que cede bajo el filo del hambre. En segundo plano se encuentra un aparador del mercado Juárez, ese mismo mercado que ha sido incendiado trece veces y que no ha muerto, como si se tratara de un zombi. En ese aparador está mi reflejo, porque soy yo quien ha tomado la fotografía y estaré ahí sosteniendo la cámara por los siglos de los siglos.

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