Thursday, July 25, 2013
La otra aventura 116. SECRETOS DE HOTELES LITERARIOS
Muy bueno. Peeero, si pueden vean el minuto 7:20. Juárez Whiskey.
Sunday, July 14, 2013
Juárez Whiskey. Reseña VI
En la revista Performance, que edita el Mtro. José Homero, en Xalapa, Ver., aparece una reseña de Juárez Whiske, para leer en la liga original dar click aquí
Una novela de tráfico
por Josué Sánchez
Una novela de tráfico
por Josué Sánchez
Juárez y es, de acuerdo a Josué Sánchez, “la suave
parálisis de una narrativa para los que se complacen en la contemplación del
mundo a distancia”
Juárez Whiskey (Almadía, 2013), tercera novela de César Silva Márquez (Ciudad Juárez,
Chih., 1974) es un paseo por los corredores de la memoria de un bebedor de
escocés. Un dolor de muela es la piedra de toque para la construcción de la
arquitectura del sopor, el monólogo del huraño y la postal melancólica de la
ciudad. Su apuesta es el ejercicio de la abulia instalada en Carlos, su
protagonista, y el resultado es la suave parálisis de una narrativa para los
que se complacen en la contemplación del mundo a distancia
Aquí,
los personajes, entre matrimonios que no se consuman, hijos que no nacen y
conversaciones que no terminan, se instalan en el discurso de Carlos a manera
de piezas de algo más grande. Por eso los capítulos aparecen diseñados como
prótesis de la memoria cuyo material, un lenguaje sobrio caro a una apuesta
minimalista, rehabilita la exploración de la desidia. Así, un par de pantuflas
que descansan bajo un sofá y que son propiedad de una exprometida, una sesión
de fisting malograda, la imposibilidad y pereza para detener las
amenazas de una mujer histérica y un dolor de muelas que se apaga y enciende de
la misma dolorosa manera en que la memoria del narrador divaga hacen de Juárez
Whiskey un relato elegíaco de lo cotidiano, un inventario de lo
marchito.
César
Silva vuelve la mirada sobre lo que en Los cuervos (Tierra Adentro,
2006) y Una isla sin mar (Mondadori, 2009) ha tratado como su música de
fondo: Ciudad Juárez. A diferencia de las dos novelas anteriores, esta vez el
análisis del espacio y su transformación devienen en una retórica de la
nostalgia. Su recurso es la enunciación de los nombres que cambian, el signo
fantasma que gravita sobre letreros de establecimientos y calles. A partir de
aquí, el símil de la ciudad, en vez de fundarse sobre la metáfora del Paraíso
Perdido, nace de la muela cariada del narrador: “Yo y mi ciudad y mis edificios
derrumbados en forma de muela dolida. Mi propia zona cero. (…) Nos han sitiado.
Mis dientes dolidos significan humo, balazos y derrumbes; cuadros surrealistas,
leones rugiendo, langostas enormes comiéndose el horizonte y mujeres
transformándose en piedra; todas mis rocas en medio del desierto como un juego
de canicas inalcanzable, pintado por Salvador Dalí.”
En
esta novela la rúbrica estilística sigue la línea de un lirismo en deuda con
John Fante y Charles Bukowski; el primero, celebraba la nostalgia de la muerte
del padre con garrafas de vino, el segundo, concilió euforia y depresión con
innumerables boilermakers. De esa mezcla de Eros y Tanatos, César Silva
reinterpreta un lirismo amartillado de actitud estoica con un temperamento que
recuerda a aquellos narradores norteamericanos: “Uno planea y escribe sus
propósitos y en el mismo incendio del tiempo se achicharran y se vuelven
cenizas, mosquitos de ceniza subiendo en un remolino hasta perderse. Algunos
tienen la mejor suerte del mundo. Otros nos conformamos con un vaso de whisky.
Un puñetazo de alcohol en la sangre.” Además, que no se extrañe el lector que
encuentre la libertad de una prosa que en algún momento tiende a la analogía
entre los pollos rostizados y la mecánica automovilística, que narra la
influencia de Javier Solís en la música de Janis Joplin, que recupera un
capítulo de la vida de Mickey Rourke y que aún tiene energía para digerir más y
más de la cultura pop.
Imposible
no identificar a Juárez Whiskey como una muestra de la narrativa de
frontera: tanto la cultura de México como la de Estados Unidos aparecen en esta
novela a modo de escenario liminal. Por aquí está La Panamericana y el español
y, al mismo tiempo, la organización de El Paso y las trabas para cruzar el
Puente Internacional a raíz del 9/11. En consecuencia, los personajes viven
arraigados en una ciudad fronteriza que comprende cantinas, comida, música y el
umbral de dos lenguas que les da su identidad.
Hay
una parte de la novela donde Carlos narra cómo su amigo José Juan Aboytia lo
trata de iniciar en el bourbon y le ofrece un trago del mítico Juárez Whiskey.
Después de dar un sorbo, Carlos dice, simplemente, que prefiere el escocés. Es
difícil, pienso, no degustar ese bourbon que no producen desde que terminó la
prohibición en Estados Unidos, un auténtico producto de culto; lo mismo para Juárez
Whiskey, una novela que, por su singularidad, por los grados de alcohol que
destila cada página y por el agradable mareo que produce su lectura, parece
objeto de tráfico en el panorama de la literatura mexicana contemporánea.
Thursday, July 11, 2013
Juárez Whiskey. Reseña V
Librería Gandhi reseña Juárez Whiskey. Para leer desde el origen, dar click aquí
También sobre la estabilidad cotidiana se puede escribir: JUÁREZ WHISKEY
Por: Lobsang Castañeda
Dice Elias Canetti
que cuando un escritor está verdaderamente comprometido con su vocación
termina rechazando la mansedumbre y entregándose sin reparos a la
exageración, al paroxismo. Ello, por supuesto, le obliga a conducir sus
historias por terrenos pantanosos, intrincados, muchas veces alejados de
lo verosímil, y estirar los rasgos de sus personajes al máximo hasta
conseguir que hagan o digan lo que nadie más es capaz de hacer o decir.
Esa fue la pauta, por ejemplo, que siguió en su novela “Auto de fe”,
una de las cumbres de la narrativa europea del siglo XX y, más aún, en
“El testigo oidor”, un auténtico laboratorio de caracteres llevados al
extremo. No obstante, en el ancho mar de las letras hay de todo, como en
la viña del Señor. La desmesura de un escritor como Canetti sólo puede
ser juzgada a partir de la sobriedad de una novela como “Los Buddenbrook” de Thomas Mann o la dulzura hipnótica de casi todos los cuentos y relatos de Robert Walser,
príncipe del “no pasa nada”. En efecto, también de la realidad más
inmediata y en apariencia anodina se puede extraer literatura; también
sobre la estabilidad cotidiana —aquella en donde los acontecimientos se
van acumulando de manera casi imperceptible— se puede escribir.
En “Juárez Whisky”, de César Silva Márquez,
esa “discreción de lo cotidiano” ocupa un lugar preponderante. Se trata
de una novela sin grandilocuencias, sin exabruptos, en la que un
ingeniero de 30 años, Carlos, rememora algunos pasajes de su vida
amorosa y describe, a veces de forma incidental, a veces con
minuciosidad de cronista urbano, el espacio melancólico en donde le ha
tocado vivir, sentir y pensar: Ciudad Juárez, Chihuahua. Sabedor de que
el mundo circundante es tan sólo una proyección de la interioridad de
quien lo habita —“Yo y mi ciudad nos dolemos de nuestras bocas. Nos han
sitiado. Mis dientes dolidos significan humo, balazos y derrumbes;
cuadros surrealistas, leones rugiendo, langostas enormes comiéndose el
horizonte y mujeres transformándose en piedra; todas mis rocas en medio
del desierto como un juego de canicas inalcanzable, pintado por Salvador Dalí”—,
Carlos va ordenando una serie de sucesos relacionados con las mujeres
que han ido delineando una pequeña parte de su existencia sin llegar
realmente a modificarla. Ni el rompimiento con Angélica tras confesarle
su amor por otro hombre, ni el desconcierto provocado por la bipolar
Blanca, ni la amistad con Belinda, ni los escarceos con Gabriela Torres,
su dentista, ni el temor a ser despedido del trabajo, ni los
acribillados en las calles o los robos y secuestros cada vez más
frecuentes, logran alterar esa familiaridad no siempre confortable que
nos permite vivir cada día no como si fuera el último sino como uno más.
Familiaridad, por cierto, que Carlos reafirma con cada trago de whisky,
símbolo mismo del gusto que se convierte en costumbre, en una forma de
ser ya perfectamente asimilada.
Armada a la manera de un mosaico de recuerdos,
“Juárez Whiskey” nos muestra, pues, el lado menos emocionante de la
realidad, aquel que no está lleno ni de grandes triunfos ni de grandes
derrotas, que ya se encuentra a un paso del aburrimiento y el hastío y
que sólo puede hacerse presente por medio del alcohol, sustancia
evocadora por antonomasia. “Beber —dice Carlos— es desfilar por los
nombres de quien uno conoce” y, más aún, la herramienta más eficaz para
darse cuenta de que “uno planea y escribe sus propósitos y en el mismo
incendio del tiempo se achicharran y se vuelven cenizas, mosquitos de
ceniza subiendo en un remolino hasta perderse.”
Tuesday, June 25, 2013
Juárez Whiskey. Reseña IV
En el blog Difamación y conspiaración (ver aquí) Iván Farías incluye una reseña sobre Juárez Whiskey. Para leer en dar click aquí.
La soledad de la frontera
Por Iván Farías.
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La soledad de la frontera
Por Iván Farías.
A veces leer a un autor al que todos
elogian suele ser decepcionante. Las grandes expectativas que se van creando
alrededor suyo pueden no ser superadas por la prosa más prístina. Daniel
Espartaco, Valeria Luiselli, Yuri Herrera y César Silva Márquez son los nombres
que más sobresalen entre la hornada de nuevos escritores que la prensa
menciona.
César Silva, narrador nacido en Ciudad
Juárez pero avecindado en Xalapa, Veracruz, vio primero el reconocimiento en
España, lugar donde publicó su primer libro de narrativa. Luego de algunos
coqueteos con la poesía y de ganar el premio Binacional Frontera de palabras
con Cuervos, regresa con Juárez Whiskey editado por Almadía.
Ahí, en el escenario de una de las ciudades
más violentas del planeta, Silva Márquez nos cuenta el relato cotidiano de un
hombre que tiene problemas con distintas mujeres. El autor no se solaza en
denunciar nada, no aparecen soldados ni narcos botudos y mal hablados, al
contrario, su prosa se centra en las desventuras de un ingeniero que vive su
vida en el internet y en pensar que algún día se podrá acostar con su vecina.
Lo interesante de la novela es como lo
menciona Eduardo Antonio Parra: “la elaboración de un personaje con un mundo
interior tan rico que al final los lectores terminan conociéndolo como a un
amigo de toda la vida.” Márquez comienza con una historia que podría ser anodina
y poco a poco nos va adentrando hasta que los mínimos problemas del ingeniero
nos preocupan.
Tal vez se deba a que el novelista sabe
entremezclar con bisturí historias que rayan en la locura y que se esconden
tras las cortinas polvorientas de los vecinos o en las visitas a los hospitales
de los familiares. El sadomasoquismo de una vecina que desea sexualmente, la
obsesión criminal de una amante ocasional, el dolor de muelas que lleva al
encierro en un psiquiátrico de un familiar cercano. En la narración siempre hay
espacio para la voz, para lo escuchado, para el rumor. El protagonista es como
una especie de confesor al que el resto de los personajes le cuentan sus
desventuras. César Silva nos cuenta, con apenas unos pincelazos, todo un mundo
listo para devorarlo. Y no, no decepciona.
Como siempre gracias por el tiempo y el
espacio, i ñor.
Monday, June 17, 2013
Juárez Whiskey en la revista VICE México
Así es como Vice describe Juárez Whiskey. jeje. está divertido.
Traemos adelantos de los libros que te van a ensartar en las mesas de novedades.
Y ya después viene el principio, o sea, la pura puntita.
Juárez Whiskey
La pura puntita
Traemos adelantos de los libros que te van a ensartar en las mesas de novedades.
Y ya después viene el principio, o sea, la pura puntita.
El auto bajó por la interestatal 10, hasta el puente internacional
Córdoba cuando el reloj marcaba las cinco de la mañana. Ciudad Juárez
era una mancha de luz amarilla y triste que parecía anclarse a las
faldas del cerro Bola. Una mancha amarilla sobre un lienzo negro,
construido de arena y humo y ladridos distantes. Más allá la
Panamericana unía a la ciudad con todo un territorio de espinas y
piedras, unas rotas, otras por romperse. El auto atravesó el puente y,
sin reducir la velocidad, pasó la garita mexicana. Los arbotantes
comenzaban a apagarse; apenas si se apreciaban los charcos de agua sucia
como hoyos que daban al otro lado del mundo; la noche anterior había
llovido y el aire estaba fresco. El conductor del auto de vidrios
polarizados vio un perro viejo olisqueando las apiladas bolsas de basura
en el parque Chamizal: restos de pastel y carne asada, huesos cocidos a
fuego directo, botellas de jugo, refresco y cerveza y restos de piñatas
rotas como cadáveres cercenados, cabezas, brazos y piernas hechas de
periódico siendo encontrados por el hambre del animal vagabundo y los
pájaros...
Juárez Whiskey. reseña III
La crítica: Libro. Ciudad fantasma
La liga está para leer la nota en Milenio es esta. La reseña fue escrita por la escritora Mary Carmen Sánchez Ambriz. Como siempre, agradezco el espacio y el tiempo.
'Juárez Whiskey' habla de lo que queda, en medio de la inseguridad, en
un espacio con un rostro confuso y que al parecer ya no tiene futuro
Juárez vuelve a ser el centro de la ficción de César Silva Márquez (Ciudad Juárez, 1974), mar de
historias que se entretejen en el lamento, la desolación, los amoríos y
el desencanto. El hilo conductor es la crónica de los días inesperados,
de la incertidumbre y el abandono que trae consigo la violencia.
Carlos es un ingeniero
que vive en Juárez. Le tocó presenciar el temor que se propagó en la
frontera norte del país, tras el atentado a las Torres Gemelas. El
protagonista de esta historia exhibe sus lazos amistosos y relaciones
sentimentales con varias amigas, y las salpica de recuerdos familiares;
como cuando describe a su tía Berta que tenía fuertes dolores de muelas,
se decía enferma de cáncer y terminó internada en un hospital
psiquiátrico.
Los vecinos, compañeros de oficina,
amigos, varias caras conocidas ven en la diáspora la esperanza de
hallar paz y una vida más tranquila. Se trata de la segunda novela en
donde el autor evoca con nostalgia el pasado de Juárez y mira con
desconcierto una metrópoli que poco a poco ha ido adquiriendo rasgos
fantasmales. Habla de lo que queda, en medio de la inseguridad, en un
espacio con un rostro confuso y que al parecer ya no tiene futuro.
Si bien en Una isla sin mar
podía palparse algunas coordenadas geográficas que iban desde Cortázar
hasta Borges, pasando por Auster y Kerouac (éstos últimos por su ácida
manera de mirar la cotidianeidad), en Juárez Whiskey no
ocurre lo mismo. Se tiene la impresión que es una coda de la anterior
historia o, en su defecto, un ejercicio preliminar a la escritura de Una isla sin mar. Lo que más corre en estas páginas es cerveza Tecate y “un bourbon
fuerte, rasposo y dulce: Juárez Whiskey”, bebida que se sirve en la
antigua cantina El Recreo y que Juan José Aboytia, amigo de Carlos, le
da a probar en uno de sus encuentros.
Hay varias cosas que trastocan la vida del ingeniero juarense: la
atracción que siente por la dentista después de que acabó con su
persistente dolor de muela, la añoranza por Angélica que lo dejó por un
joven de veinte años, el deseo por complacer los caprichos de Belinda,
la atracción que siente por Blanca y el efecto de abandono que cubre
como un frío manto nevado a la ciudad.
Lejos quedaron los juegos de espejos, la minucia por detallar el
mundo de los pequeños seres como los insectos, las historias engarzadas,
los momentos oníricos y la realidad entrecruzada con el éxodo. Los
instantes más logrados del libro son cuando se refiere a Juárez, con o
sin whiskey en la mano.
Así las cosas.
Monday, June 10, 2013
Juárez Whiskey. Reseña II
Los muchachos de Letroactivos.com, gastaron uno de sus espacios para hablar de Juárez Whiskey. Aquí la dirección web
Juárez Whiskey, de César Silva Márquez
por Juan Carlos Serio
Juárez Whiskey, de César Silva Márquez
por Juan Carlos Serio
«Pienso en Gabriela Torres, mi dentista, y en lo que está haciendo
por mi muela. Pienso en Juárez Whiskey, lo rasposo del trago, en cómo
sobrevive en una pequeña reserva en una cantina de Ciudad Juárez» dice
Carlos, protagonista de la nueva novela de César Silva Márquez, mientras
despedaza con los dedos el pollo rostizado que se está comiendo.
A Carlos, un ingeniero juarense de 30 años, le duele una muela: pero
esto no es más que el reflejo de la molesta realidad en la que vive. Una
realidad que lo deja insatisfecho e indiferente: envuelto en una gran
melancolía. Recuerda todos aquellos momentos que le dieron una especie
felicidad, como si esperara detener el tiempo en esas hebras de memoria
sólo para no lidiar con el presente.
Para evitar pensar en Belinda, su mejor amiga y objeto de deseo; en
Angélica, su exnovia que lo dejó por otro; en Blanca, su celosa amante;
en Gabriela Torres, su dentista y pequeño destello de luz con novio,
pero, sobre todo, en ese dolor de muelas, aquella dolencia que le
recuerda que su vida es rasposa y difícil de pasar, como un trago de
Juárez Whiskey.
Ciudad Juárez es sólo un testigo de los eventos; ahí, arrumbada a
orillas del cerro Bola, observa pasar la vida de Carlos: imparcial, pero
interesada, como cualquiera otra ciudad en la que sus habitantes
sufren, se emborrachan, aman y hacen el amor… porque la violencia
emocional es igual de dolorosa que la política: en este texto no hay
cabida para clichés postcalderonistas.
Juárez Whiskey es un ejemplo de la larga experiencia de
César Silva en las letras, es una poderosa narración enmarcada con una
tenue voz poética, que va de lo simple a lo más complejo del universo
emocional. No debe pasar desapercibida.
Así la vida. Ah qué muchacho este. Gracias por el espacio, of course.
Saturday, June 8, 2013
Juárez Whiskey. Reseña I
Alejandro Badillo se chutó Juárez Whiskey y esto es lo que dice (para la reseña original ir aquí):
Juárez Whiskey de César Silva Márquez
Por Alejandro Badillo
En
los últimos años Ciudad Juárez ha sido protagonista de las noticias por el
narcotráfico y la estela de violencia que ha sembrado de cadáveres sus calles.
Crónicas y notas han captado, desde diferentes ángulos, este fenómeno. La
narrativa no ha desaprovechado la oportunidad y, desde hace tiempo, se ha
configurado un boom de novelas y cuentos cuyos protagonistas son
narcotraficantes, “polleros”, inmigrantes que buscan cruzar la frontera con el sueño
de conseguir un trabajo o reunirse con sus familiares.
Juárez
Whiskey, novela de César Silva Márquez, al tener como escenario la frontera,
parece sumarse a este pelotón de obras que explotan la violencia. Sin embargo,
basta pasar las primeras páginas para saber que la aproximación a este
territorio es distinta. La novela se centra en Carlos, un ingeniero que pasa
sus días entre el trabajo y sus relaciones amorosas. En dos voces narrativas,
primera y tercera persona, asistimos a una serie de desencuentros, pasajes
breves y escenas en las que fluyen el alcohol y la derrota. Además de la
debacle personal de Carlos en Juárez Whiskey hay un retrato distinto de Ciudad
Juárez y de la frontera: la violencia deja paso a una urbe en tonos ocres, con
una vida lenta que se desarrolla en bares y restaurantes. También, otro
elemento importante, es el ámbito laboral: una ciudad sin asideros, trabajos
que pueden evaporarse de la noche a la mañana gracias a la movilidad del
capital y de la frontera.
La
vida del protagonista transcurre sin muchas esperanzas, asume sus derrotas
buscando dignidad en noches solitarias, imaginando el día después, mientras
contempla las luces de la ciudad. Su visión se concentra en los pequeños
detalles, en sueños que están diseñados para no cumplirse. Una de las
relaciones más importantes que describen muy bien su pasividad es la que tiene
con Belinda, una chica más joven que él. Carlos se limita a ser su confidente y
a fantasear con ella.
En
algunos momentos del libro los encuentros de Carlos con las mujeres tienden a
volverse monótonos y esto genera que la tensión se desdibuje ante una
previsible negativa: no hay un centro, una línea que prometa nuevos
descubrimientos para el lector. El personaje respira, camina, bebe e imagina
sostenido sólo por sus pensamientos pero evita cualquier decisión que lo lleve
a otro territorio. Incluso, cuando acepta espiar a una mujer para ayudar a una
de sus amigas, la aventura no da para mucho.
Así las cosas. i ñor (esto no lo dijo Alejandro, lo digo yo, jeje)
Monday, May 27, 2013
Juárez Whiskey en El portal de Cartagena
Juárez Whiskey en el DF.
En el bar El portal de Cartagena, este viernes 31 de mayo, a las 7:30 de la noche.
Dirección: Chiapas 174.
Con la participación de Mónica Maristain y Eduardo Antonio Parra. AJUA
Como siempre: Almadía sí que sabe diseñar, of course.
Gracias a Guillermo Quijas, Jorge Luis Boone y todo el equipo involucrado.
Así las cosas.
En el bar El portal de Cartagena, este viernes 31 de mayo, a las 7:30 de la noche.
Dirección: Chiapas 174.
Con la participación de Mónica Maristain y Eduardo Antonio Parra. AJUA
Como siempre: Almadía sí que sabe diseñar, of course.
Gracias a Guillermo Quijas, Jorge Luis Boone y todo el equipo involucrado.
Así las cosas.
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