Wednesday, April 1, 2015

La balada de los arcos dorados en Letras en Linea

Rosana Ricárdez escribió lo siguiente sobre La balada de los arcos dorados.

Pueden dar click AQUI para leer su texto o leerlo aquí abajo

COMO siempre, agradezco el espacio y el tiempo

Sin lugar para los débiles

El águila que en la bandera mexicana devora una serpiente cobra sentido en el país que representa. Ni México ni el resto del continente o de la llamada sociedad occidental se libra de muertos vivientes deambulando por su territorio. Sin aspavientos ni miramientos, César Silva Márquez ofrece, en su última novela, la imagen de una sociedad contemporánea devorada por sí misma.

La balada de los arcos dorados (Editorial Almadía, México, 2014, 224 p.) es novela negra, y ya con ello algunos lectores pueden abandonar estas líneas; el lector quisquilloso la rechazará apenas se entere de ello y el lector no tan atento será incapaz de encontrarle sabor y sentido. No encontrarán aquí la historia que defina sus vidas –tampoco les brindará consejos para el savoir-vivre-, pero sí violencia, dolor y lenguaje, uno particularmente sencillo que conduce al lector por el camino de varios asesinatos y a la resolución de algunos. No es una novela de final abierto e inalcanzables pretensiones; es una novela negra. Es literatura. Es una muestra de los temas que circulan desde hace más de veinte años en este país norteamericano, famoso, entre otras cosas, por escándalos de corrupción vinculados a avasallantes redes de tráfico de narcóticos, prostitución y venta de mercancía apócrifa, actividades claramente exitosas no sólo en México sino en el mundo, eso sí, con mayor o menor consentimiento de los gobiernos (si únicamente fuera nacional, el negocio no sería negocio).
Al margen de la atracción por el género literario, la novela negra es la que, fuera del periodismo, ofrece una pintura de lo que sucede en México, esto porque en la ficción el autor no solo se alimenta del acontecer diario, sino que establece un camino hasta trasladar actores y situaciones a sus escenarios para convertirlos en protagonistas de las historias.

Es el caso de La balada…, protagonizada por Luis Kuriaki, periodista de 24 años, recién salido de una adicción a drogas duras, que vive en un país sin lugar para los débiles, pues si alguno todavía se atreve a no ser fuerte, termina en una fosa. El país dibujado por Silva Márquez es el que Kuriaki enfrenta, con avisos de asesinatos que deben ser resueltos por policías de dudosa reputación. Todos salvo uno: Julio Pastrana, quien resulta tener más aliento para el cumplimiento de su trabajo, pero sólo por motivos personales. Y pareciera que la moraleja es que si las cosas se dicen, hacen y resuelven es siempre por motivos personales. El motu proprio se convierte, tal como en la realidad, en aliciente único para luchar por la resolución de los homicidios en el país dibujado por el autor, donde los perpetradores a veces tienen nombre, a veces no. Dicho esto, las siguientes líneas se referirán a dos aspectos de la novela: la primera relacionada a la presencia de las múltiples especulaciones de los homicidas y la segunda a los lindes entre la realidad y la ficción.

Durante la novela, el periodista que tiene la información de primera mano batalla contra la impetuosa tarea de su jefe de redacción para adjudicar los homicidios a seres inverosímiles: desde un tigre hasta un virus, pasando por zombis y vampiros, para llegar a un caballero oscuro que termina convirtiéndose en un vengador. La justificación de esto radica en que se trata de un país en el que todo, todo, todo puede ser real: México. ¡Cómo no existiría un tigre asesino en las calles del mismo país donde alguna vez existió el Chupacabras! Si no, ¿qué otra explicación podría haber a “Once cuerpos, pinche Luis, allá por el puente Zaragoza. Setenta más en el kilómetro veinte, rumbo a Casas Grandes, en un rancho de miedo. Cabrón.” Nadie, en sano juicio, podría entender la presencia de ochenta y un cuerpos aparecidos de la nada, a no ser por la presencia de un ser endemoniado, fuera de este mundo, animalesco, no banal.

Aunque esto es ficción, el acontecer diario en México no dista de la novela. Y ahí se establece la conexión con la realidad. Basta echar un vistazo a cualquier diario de circulación nacional o internacional para saber que los hechos en el país del norte tiende lazos a esta novela. La referencia a la realidad no es fortuita. Al margen de la verosimilitud que el autor pudiera tener en mente, se intuye una especie de espejo-denuncia del pan nuestro de cada día, cuyo objetivo puede ser confrontarlo.

¿De qué modo la novela reproduce y transforma las ficciones que se traman y circulan en una sociedad? La pregunta no es mía sino de Ricardo Piglia, quien la propone en “Crítica y ficción”. Y la respuesta no importa. Alarma, sí, pero creo que no importa porque el valor de la ficción es su relación específica con la verdad, trabaja con ella “para construir un discurso que no es verdadero ni falso”. Silva Márquez, como Piglia, se interesa por trabajar esa zona indeterminada donde se cruzan y relacionan ficción y verdad porque, en efecto, “todo se puede ficcionalizar”.

Respecto de la realidad y la verosimilitud, en el intercambio epistolar que Paul Auster sostiene con J.M. Coetzee, entre 2008 y 2011, el primero dice, a propósito de “Crimen y castigo”, que en la novela la gente más inverosímil acaba viviendo puerta con puerta. Y si es inverosímil también, y sobre todo, es eficaz “para crear el ambiente onírico y febril que da al libro su tremenda fuerza”. Auster dice que, en el mundo real, a las personas reales les acontecen cosas parecidas a la ficción. “Y si la ficción resulta real, entonces quizá debamos reconsiderar nuestra definición de realidad…” Eso es precisamente lo que converge en esta novela negra.

Cabe aclarar, no obstante, para cerrar el tema aquí –y abrir la discusión allá– que ni autor ni lector deben buscar en la literatura la solución a los problemas del mundo real. Juan José Saer dice al respecto que la literatura no ofrece respuesta a los problemas sociales, porque tampoco es un escenario donde resolverlos y mucho menos es la disciplina para proponer soluciones. Por eso esto, La balada… sigue siendo una novela negra capaz de remover las fibras más sensibles de la imaginación, donde cualquier planteamiento es válido, y aún así dirigir la atención hacia las atrocidades diarias. Además, al ser novela negra, no nada a contracorriente y logra plantear un final feliz, acorde con la tradición, tanto como se puede esperar en la ficción.

Los zombis llegaron ya
[…] Resolvió llamar a Rossana. Buscó su número en el celular y al marcarlo tampoco tuvo suerte. Tal vez los zombis habían llegado por ellas. Pensándolo bien, el tigre suelto era una falacia, pero los zombis en realidad existían, cómo se podía explicar lo que estaba sucediendo. Al final, Rossana escribió la nota y el jefe de información estaba feliz. Una horda de zombis para toda una ciudad en ruinas. Roja de noche. Miró hacia el buró y el corazón se le aceleró. Así que tomó las llaves del auto y aprisa salió al frío.” Este párrafo resume a la perfección uno de los temas centrales de la novela en cuestión. Es precisa la manera en que el autor denuncia y además la forma en que establece lazos comunicantes –acaso una especie de intertextualidad– con cierta tradición literaria y cinematográfica contemporánea, además de televisiva.

La teoría de la existencia del zombi como homicida es campo fértil para que Silva Márquez explique la homogeneización del pensamiento de la gente y su idiotización, la uniformidad con que ésta acepta explicaciones de ciertos acontecimientos. Si bien el zombi nace como muestra de la excentricidad –desde el pensamiento europeo– de los afrocaribeños, es en los últimos tiempos el mejor modelo que explica al trabajador de la sociedad capitalista. Así es pues como llega a representar al muerto viviente, a aquél que no piensa y sólo actúa de manera mecánica y, en apariencia, sin voluntad. Dista, por supuesto, del primer modelo zombi de la pantalla grande en 1932, ofrecido por Victor Halperin en “White zombie”, pero es fiel metáfora social del mundo contemporáneo que, ante la falta de alimento –en sentido literal y figurado–, terminará por devorarse a sí mismo. Lo peor es que la humanidad estará ahí para presenciarlo.

Novela negra, ¿para qué?
Aunque en Latinoamérica el género policial vio oficialmente la luz ya entrado el siglo XX, gracias a Adolfo Bioy Casares y a Jorge Luis Borges, sus antecedentes se remontan a un pasado incierto. A diferencia de los europeos, los americanos –por el continente– mezclan en sus historias de crímenes acontecimientos sociales y políticos. Hace unos años, el escritor de novela negra islandés Arnaldur Indridason, comentó en un congreso que el éxito de la novela negra americana en los países nórdicos se debe a que la trama está íntimamente relacionada con una característica: la corrupción. No es que ésta brille por su ausencia en Europa, pero no es retomada por la novela europea porque ella se caracteriza por tejer argumentos desde lo psicológico, en primera instancia, los demás aspectos que le atañen son secundarios.

La balada… es un ejemplo, entonces, de que lo que la novela negra en este continente ofrece, de hecho cumple, digamos, con los requisitos de los últimos tiempos: existe un antihéroe –guapo y valiente, que constantemente se sitúa al filo de sus pasiones-, que resulta no ser el vengador, ya que este rol es tomado por una mujer desconfiada de la justicia del poder judicial, pero confiada en su propia mano, capaz de brindar justicia terrenal. El ayudante del (anti)héroe es un policía incorruptible que resulta ser maltratador y asesino de violadores seriales. Y la chica del (anti)héroe es una periodista que le enmienda las notas, a petición del timorato y con mucha probabilidad corrupto jefe de redacción.

Kuriaki resume lo que muchos mexicanos piensan: “Esta ciudad [Ciudad Juárez] se ha llevado lo mejor de todos. Hace dos días un hombre le disparó a otro en una luz roja por no dar vuelta a la derecha cuando tuvo la oportunidad. Hace dos semanas un policía encendió la torreta de la patrulla y detuvo a una de mis primas por haberse estacionado sobre la avenida Ignacio de la Peña. Eran las diez de la noche. Ella le explicó que esperaba a alguien. El policía le dijo que existían agentes buenos y agentes malos y estar estacionada ahí la hacía un blanco fácil. Para qué, preguntó ella. Para cualquier cosa, agregó él. Afortunadamente su amiga salía en ese momento de la casa, subió al auto y se marcharon […] Lo pienso y tal vez no sea la ciudad, es el país y el dinero, la falta y el exceso al mismo tiempo.”

En el mundo que conocemos, personas como Kuriaki existen, pero la vida que éste tiene en La balada… es única, no importa las semejanzas de ésta con la llamada realidad, tampoco importa si la tesis presentada ha sido mil veces repetida. Porque, ¿qué es la novela negra –como todas las novelas- sino las pasiones repetidas? Los temas son los mismos porque el hombre no se cansará nunca de contar historias. El núcleo, como en los homicidios, está en la forma.

Monday, March 30, 2015

Francisco Haghenbeck recomienda la Balada de los arcos dorados

Francisco Haghenbeck, novelista y amigo, recomienda La balada de los arcos dorados desde su muro en Facebook, aquí es lo que dice. Lo posteo para que si aún no se deciden en echarle un ojo, tal vez con las palabras de Haghenbeck se decidan

 
¿Qué van a leer estas vacaciones? Mi recomendación es una novela Noir, una muy buena: La Balada de los Arcos Dorados de César Silva Márquez. Publicada por Almadía y ganadora del premio Bellas Artes José Rubén Romero 2013.
 
Déjenme decirles que en diciembre, el critico literario Sergio Gonzales nombró dos como lo mejor de novela negra del año: una era la mía, En el crimen nada es gratis. La otra, esta. Pero temo que se equivocó. Creo que la de Cesar merecía la corona. Los Arcos Dorados es una novela negra que aspira a ser grande. No se dejen llevar por el tamaño físico, que parece de bolsillo. Es grande en contenido. 
 
A veces, he comentado que me gusta la frescura de una obra. Como si se bebiera una cerveza fría. Este libro es lo contrario. Es un whisky McCallan de 18 años. Madura, con fuerza, contundente. Una prosa excelsa, cuidada y colocada en la página como si fuera labrado fino. Se nota el oficio de escritor, con personajes entrañables. Tanto, que el agente Julio Pastrana se ha convertido en mi policía mexicano preferido, derrotando al Zurdo Mendieta. Me recuerda mucho los personajes duros y arrogantes que Elmore Leonard o Richard Stark usaba en sus libros. Es ya, nuestro Parker de la frontera.
 
Ruego que si le va realizar segunda parte (que debería) Pastrana volviera. Uno de los puntos más importantes es que, a pesar de suceder en Ciudad Juárez, no cae en el juego editorial de hacer una narco novela. Y eso, en verdad se le agradece. Parece que es la solución fácil para ganar premios o poder publicar para escritores primerizo en el género.
 
Aparenta ser una lectura difícil, pero no lo es. Uno lo descubre mientras se va metiendo en las mentes de los que desfilan por sus paginas. El joven periodista Kuriaki es mil veces más interesante que intentos de los guerreros de la justicia vendidos como el nuevo negro mexicano. Si todo esto no les invita a leerla, la inclusión de un fantasma que le habla al héroe, lo vuelve más interesante.
 
El género negro está sano y vivo en México. Pero sobretodo, tiene una calidad absoluta. Silva nos lo muestra. Traten de conseguirla.

Monday, March 23, 2015

La balada de los arcos dorados en MILENIO

MariCarmen Sánchez Ambriz titula su reseña:

Soñé que eras Batman

para leer la nota desde la página de MILENIO, dar CLICK AQUÍ

Hace 15 años pocas personas hubieran podido creer que César Silva Márquez (Ciudad Juárez, 1974) iba a frecuentar más la narrativa que la poesía. Los proyectos tienen cabida sin importar el género, habría dicho Salvador Elizondo, quien solía llamarle a sus textos proyectos y no encasillarlos en un determinado género literario. En el caso de Silva Márquez ha ido enfilando sus intereses hacia la prosa, cada vez con más fuerza y soltura.

Ciudad Juárez es un escenario recurrente en la apuesta literaria del autor. Tal vez Silva Márquez se ha propuesto hacer una tetralogía que incluye Los cuervos (2006), Una isla sin mar (2009) y Juárez Whiskey (2013). La violencia, las mujeres muertas, la desolación, las adicciones y el estrés de vivir al límite son explorados en esta novela policíaca. Dos personajes coinciden y, desde su trinchera, combaten el crimen: un periodista (Luis Kuriaki) y un agente de la policía (Julio Pastrana).

Es un acierto que le brinde otras posibilidades a la novela negra y no se limite a lo que tradicionalmente se conoce de este género; es decir, que recurra a evocaciones oníricas y presencias fantasmales, como el periodista fracasado que sigue los pasos de Kuriaki. En Una isla sin mar se puede percibir esa minucia por detallar el mundo de los sueños, historias engarzadas y momentos en los que la realidad se interpone a la ficción. Recupera aquí esa manera de mostrar una visión esperpéntica y, a la vez, sutil.

Los arcos dorados son la M de McDonalds, lugar que uno de sus personajes visita frecuentemente porque le agrada cenar una Big Mac. Además de las hamburguesas, está también la presencia de zombis, Batman, los protagonistas de Toy Story, la familia Manson, Sharon Tate y Billy Mitchell, campeón en Pac-Man que reflexiona: “El videojuego es apenas una simple metáfora para entender cosas más complejas. Morir a la mitad de un nivel significa otra cosa. Un esfuerzo inútil, trabajar sin convicción”.

Silva Márquez ha construido una sólida historia, en donde permea una suerte de circularidad entre la literatura y la vida por la cual la realidad se convierte en ficción y la ficción en realidad. Somos testigos de la era de la criminalidad. Decía Federico Campbell que vivimos tiempos de zozobra y tiene razón.

Más intrépido que la criminología, más sugerente que la psicología y los sueños, más astuto que las conjeturas policiales y reporteriles, más allá del ritmo de Los Eagles con “Hotel California”, el discurso de esta novela criminal a veces se ríe de sí mismo y no cree en una verdad posible: especula que “la vida es una flecha marcada en rojo”.

así el futbol

gracias, como siempre, por el tiempo y el espacio

Tuesday, March 10, 2015

La balada de los arcos dorados en El Heraldo de Puebla

La balada comentada por Serafín Vázquez

la nota la pueden leer AQUÍ

y dice más o menos así:

Todas las ciudades tienen sus historias. En cualquiera pueden perseguirte, alcanzarte, y -de un jalón -subirte a la batea de una pick-up, entonces llegarán los golpes y los insultos: la cara al suelo, puto; no que muy chingón, eres un pendejo. Querrás moverte, escapar, pero la adrelanina del instinto de conservación será superada por el sujeto que se sienta en tu espalda y te dice: en todos lados tenemos ojos, puto.
En La balada de los arcos dorados las historias suceden en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde vive el periodista  Luis Kuriaki, quien ha publicado en el diario para el que trabaja que en el tráfico de drogas también participan aviones militares. En esa misma ciudad viven -y mueren- varios de sus amigos, entre ellos Samuel Benítez, con quien habla pese a ya no ser de este mundo.
Y también Rebeca y Rossana; la primera ex azafata de origen norteamericano, su vecina. La segunda, juarense como Luis, y su compañera en El Diario de Juárez. Como buenos reporteros, Rossana y Luis tienen sus fuentes en dos policías, Álvaro Luna, y el veracruzano Julio Pastrana, quien tomó la justicia como algo personal desde antes de la desaparición de su prima Margarita.
El autor César Silva (Ciudad Juárez, 1974) ha revelado que La Balada... está inspirada en su amigo periodista Luis, quien como su personaje, trabaja y vive en Ciudad Juárez. Para el duro policía Julio Pastrana, se basó en la personalidad del actor Joaquín Cosío, que puedes identificar en películas como La dictadura perfecta o El Infierno.
En La balada... hay varias historias, todas muy bien contadas: La de la madre de Luis, a quien siempre veremos con un vaso de whisky en las manos. El origen de los McDonalds en 1937 en Pasadena, California; los ataques racistas del Ku Klux Kan en Alabama, y la aparición de un homicida serial en Chicago que gustaba dejar junto a sus víctimas una bolsa de papel con arcos dorados. El asesinato del padre de Julio Pastrana en los muelles veracruzanos. La historia de Sharon Tate, Charles Manson y su relación con la madre de Rebeca, la ex azafata.
A la par de las ejecuciones entre criminales, de asesinatos de inocentes, de desapariciones, violaciones y violencia contra las mujeres, surgen dos vengadores anónimos, uno que castiga y sólo golpea; y otro que condena y mata, dejando a sus víctimas con un agujero en la cabeza.
Pero La balada... no es  sólo una novela negra, también es una de amor, de amores, de seducción. En una ocasión, Luis pregunta a una amiga cuál sería el superpoder que ella elegiría, ella responde que la invisibilidad. Tendrías que andar desnuda; entonces ella comienza a quitarse la ropa y pregunta: tú, qué poderes tienes.


La  balada de los arcos dorados (fragmentos)

I
Luis Kuriaki es periodista. Tiene veinticuatro años y trabaja en El Diario de Juárez. El día de su cumpleaños número dieciocho, su madre le regaló una cámara Nikon de obturador automático. La primera vez que consumió cocaína fue en 2004 a los diecinueve. A los veinte se dio cuenta de que vivía para ella, y después de cada pase se juraba que ese vacío que le provocaba, sería el último. A los veintiuno, en medio de una fiesta y al lado de su mejor amigo, el Topo, sufrió una sobredosis. El Topo lo llevó al hospital. El Topo tenía miedo de que se fuera a morir en el camino hacia el hospital. Pero no fue así. Luis entró en una clínica de rehabilitación, en la cual duró poco más de un mes. La segunda sobredosis se dio al cabo de tres meses, frente al océano Pacífico, en Mazatlán...

II
Julio Pastrana se fue a vivir a Xalapa con una tía a finales de septiembre. Luego, a los 20 años, se graduó de policía. En sueños aparecía aquel enorme tipo que le arrebató a su padre con un cuchillo. Luego una tormenta se llevaba al hombre y, por un momento, Julio Pastrana se sentía aliviado, hasta que el agua era tanta que comenzaba a cubrirle los pies para llegar a las rodillas y cintura,  y cuando el agua subía hasta el cuello, despertaba....
Como policía era un hombre temerario. Los ladronzuelos por un tiempo lo llamaron El Terminator. El mote se le ocurrió a Esteban Azueta, un pobre diablo que vivía en la circunferencia de Xalapa, rumbo a Banderilla, y que cometía pequeños robos en los barrios vecinos...

III
El auto aceleró y, segundos después, las luces de los frenos encendieron y volvieron emparejar. Luis desaceleró y miró por el retrovisor. Una pick-up negra lo alcanzó por detrás. El auto comenzó a cerrarle el paso hasta que Luis frenó. Chingao, dijo. Tomó el celular; sin saber qué más hacer marcó el número de Rebeca. Y mientras ella contestaba, el vidrio del auto de Luis tronó en mil pedazos. Estoy muerto, pensó, y esperó a que la sangre brotará de algún lado, pero no hubo nada. Un par de brazos entraron por la ventana y de un jalón lo sacaron. Lo arrastraron y lo lanzaron a la batea de la pick-up. Es mi momento de correr, dijo pero no se movió, el cuerpo no le respondía, aquel jalón había sido suficiente.
Oyó: Eres un pendejo.
Oyó: La cara al suelo, puto.
Oyo: Te crees muy chingón.
Eran voces distintas, unas más roncas que otras, pero todas de hierro y dolorosas. La camioneta avanzaba y sobre la espalda sentía un gran peso. Alguien iba sentado sobre él...
Eres un pendejo, escuchó. No sabes que tenemos ojos en El Diario...

IV
El 24 de diciembre, por una llamada anónima, la policía localizó lo que al principio parecían diez cuerpos enterrados en una casa abandonada del fraccionamiento Quintas del Valle, al este de la ciudad, muy cerca del Puente Internacional Zaragoza. La primera casa, de la primera cuadra. El trabajo pasó a manos del agente Álvaro Luna Cian. En El Diario, el jefe de información le pidió a Rossana que escribiera la nota. Esa vez no hubo ningún zombi involucrado, ni tigre suelto, ni vampiro.

La balada de los arcos dorados
César Silva Márquez
Almadía México, 2014

Thursday, March 5, 2015

Emergencias. Cuentos mexicanos de jóvenes talentos

Recién aparece, bajo el sello de Lectorum, esta antología de cuento, donde un servilleta ha sido incluido. El antologador es Alberto Chimal.

dejo aquí la poca información que tengo del libro


Dice Alberto Chimal, en ESTA PÁGINA AQUI, o leer aquí abajo:
 
Ya está aquí: "Emergencias", antología de jóvenes autores mexicanos que realicé para la editorial Lectorum. El libro contiene cuentos de escritoras y escritores que vivieron –en ciertos casos a muy corta edad– la transición entre el siglo anterior y éste, y deben escribir en un tiempo que ha abandonado por entero las esperanzas del pasado. Hay historias sobre crimen y violencia, por supuesto, pero también sobre todos los otros temas de la vida humana. Se podría decir que los cuentos representan en conjunto la voluntad de continuar, la tenacidad de nuestra narrativa actual, que según creo se ha fortalecido (aunque haya sido a la mala) en estos años aciagos.

Los autores seleccionados son Pedro J. Acuña, Maritza M. Buendía, Miguel Cane, Víctor Roberto Carrancá, Raquel Castro, Karen Chacek, Norma Yamillé Cuéllar, Gabriela Damián, Atahualpa Espinosa, Iván Farías, Ruy Feben, Úrsula Fuentesberáin, Valeria Gascón, Enrique Ángel González Cuevas, Daniel Herrera, Susana Iglesias, Rodolfo JM, Daniel Krauze, Jaime Muñoz de Baena, José Manuel Ríos Guerra, César Silva Márquez, Paola Tinoco, Arturo Vallejo, Iliana Vargas y Magali Velasco. Algunos tienen más camino andado que otros, pero todos están en activo ahora.

Esta antología no quiere ser un "canon": una lista definitiva de autores que perdurarán. Pero sí es una muestra representativa de tendencias actuales y puede ayudar a ampliar el panorama de lo que se escribe hoy, tal como se muestra en otras antologías y listas.

Y además, simplemente, puede leerse con gusto.

Así el futbol. SALUD

Tuesday, February 17, 2015

Sunday, February 8, 2015

Piercing


Ryu Murakami, 2007





Un detective anónimo había propuesto esta explicación: “Cuando cortas el tendón de Aquiles, el sonido que hace es tan alto y agudo como el de un disparo. Puede que el asesino lo supiera y le gustara”. Kawashima decidió que antes de perforar el estómago de la víctima con el punzón –o después, si era preciso– le cortaría el tendón de Aquiles.
Esta novela de Ryu Murakami es la tercera que leo del rockero - escritor japonés. Llena de vitalidad y buena narrativa, Piercing se mente en la cabeza de dos personajes un tanto dañados (igual que los personajes en las anteriores Azul transparente y Los chicos de las taquillas -que debería llamarse en español de México Los chicos de los casilleros) que por razones del azar una noche coinciden para hacer de sus vidas un coctél explosivo donde la muerte es parte de los ingredientes. ¿Quien de ellos sobrevivirá?

Buen rescate que está haciendo Escalera, y lo digo como tal, porque apenas hasta estos días Ryu nos comienza a llegar a México. ¿O no? ¿O solo a mí? No importa, el asunto es echarle un ojo.

Sin duda muy recomendable esta novela casi casi casi obra de teatro, casi casi casi película.

Friday, February 6, 2015

Película THE DROP (2014) de Michaël R. Roskam


The Drop (2014). Muy Chida. De alguna manera el director Michaël R. Roskam me recuerda los inicios de Christopher Nolan, cuando filmó  Following (1998). Aun y que en esa película ya se veía los cortes de tiempo y las de pronto innecesarias explicaciones que acostumbra, uno podía ver cosas importantes sucediendo en la pantalla. Y es que en The Drop (2014), de Michaël R. Roskam, nos efrentamos a una trama sencilla de seguir: Marv (James Gandolfini), quiere recuperar su bar de los gánsters o al menos cobrárselos caro, y mientras esto sucede tenemos a Bob (Tom Hardy), enamorándose de Nadia (Noomi Rapace) y lo que todo implica esto, incluyendo a un exnovio supuestamente loco. Dos historias muy bien contadas, con detective incluido y actuaciones convincentes. Por cierto, se dice que esta es la última película donde aparece Gandolfini, que me recuerda un poco al malo de Mickey en Killing them softly (2012) al lado de Pitt, que no está demás decirlo, también la considero Muy Chida. Solo espero que nuestro director Roskam, siga su camino correcto y deje al lado el blockbuster (ese blockbuster de balazos y explosiones en exceso), al menos por un tiempo.

Wednesday, January 28, 2015

Vivir y morir en USA

http://oceano.mx/ficha-libro.aspx?id=12709


Algunos de los mejores representantes del estadunidense y otros que sin ser propiamente autores policiacos han incursionado con éxito en el género, se dan cita en esta extraordinaria antología de cuentos. Relatos de Don Winslow, Michael Connelly, Lee Child, Joyce Carol Oates y Jonathan Safran Foer, entre otros autores destacados.

Esta obra ofrece un puñado de notables relatos escritos con garra y sensibilidad que, en conjunto, trazan el perfil de la sociedad estadunidense actual desde la perspectiva de la criminalidad. Pero esto no es todo. Más allá del ámbito geográfico en el que se ubican los relatos aquí reunidos, el libro nos habla del ser humano en general, de la vida en las grandes ciudades y de los delitos que ocurren en ella. Para la edición en español preparada por Océano, se decidió que cada una de las historias del libro fuera traducida por un autor mexicano diferente y de reconocido prestigio.

El cuento que traduje es del escritor Luis Alberto Urrea y las primeras líneas son las siguientes:
Amapola

Nunca en mi vida he consumido drogas, lo juro. Por otro lado, nadie se acabó tantos barriles de cerveza como yo. Yo y el Papa. Éramos de esos que exigían: “¡Traigan la Corona y el Jäger!” ¿Quién no lo fue? Pero nunca fumé hierba, mucho menos usé de las duras. Hasta que conocí a la hermana menor del Papa. Y cuando la conocí ella se convirtió en mi droga. Y la consumía y consumía, y cuando la consumía nada más me importaba. Toda la sangre y todas las balas en el mundo no podían penetrar tanto y tan adentro.



Ciudad Juárez, una ciudad de novela… policiaca

En OMNIA y el periódico Crónica de Hoy Chihuahua, aparece esta entrevista-nota que me hizo la periodista Betzabel Loch, por La balada de los arcos dorados

Para leerla completa dar CLICK AQUÍ

entre otras cosas dice lo siguiente:

Ganadora del Premio José Rubén Romero, “La balada de los arcos dorados” es una novela policiaca escrita por el juarense César Silva Márquez, quien ha logrado la atención de la crítica a nivel nacional y ha hecho alarde de su narrativa entre la realidad y la ficción, entre personajes que a diario vemos vivir (o sobrevivir), y otros que nacen de la imaginativa de su autor con un estilo muy particular, impregnado de la cultura pop, como súper héroes, zombis e historias fantásticas.

como siempre, gracias por el espacio y tiempo.

así es el futbol