César Silva Márquez, 2014
EL agente Julio Pastrana y el periodista Luis Kuriaki se acercan, ahí vienen esos batos.
Así la vida.
Tuesday, August 5, 2014
Tuesday, July 29, 2014
Hijo de Jesús
Denis Johnson, 1992
Ella servía dobles como un ángel, justo hasta el borde del vaso de cóctel, sin medir antes la cantidad.
-Tienes un hermoso brazo para jugar como lanzador.
Tenías que inclinarte sobre el vaso como un colibrí sobre una flor. Volví a verla mucho después, no have tantos años, y cuando le sonreí ella pensó que yo estaba intentando flirtear. Pero era porque me acordaba de ella. Jamás te olvidaré. Tu esposo te azotará con un cable alargador y el autobús se irá antes de que lo alcances dejándote en la parada con las lágrimas en los ojos, pero tú fuiste mi madre.
Nota. Libro alucinante, de lectura ágil y poético. Una novela de relatos o relatos contados por un mismo personaje, donde el final me recuerda al mejor Bukowski poeta. La vida errante de un drogadicto y en ese Estados Unidos que nadie quiere conocer. Denis Johnson es uno de mis preferidos escritores, junto con su novela El nombre del mundo, estos relatos los recomiendo al 100%.
Saturday, July 26, 2014
El camino blanco
John Connolly, 2002
Les vi a todos, señor, a los vivos y a
los muertos, todos juntos por el camino blanco. Creemos que se han ido, pero
aún esperan. Todo el tiempo están a nuestro lado, y no descansan hasta que no
se hace justicia. Señor, ese es el camino blanco. Es el lugar donde se hace
justicia, donde los vivos y los muertos caminan juntos.
Nota: De los libros que he leído de la serie Charly Parker (que no los he leído todos, ni en orden), este libro es el que menos me ha gustado; de pronto es difícil de seguir, demasiados personajes y demasiada información que a mi gusto sobra, una novela que pudo haberse llevado menos páginas. Recomendable, sí, pero no como otras que he leído de él.
Hijo de Dios
Cormac McCarthy, 1973
El dueño del vertedero había criado a nueve hijas y les había puesto los nombres a partir de un antiguo diccionario médico extraído de los escombros que recogía, toda esa camada desgarbada, cuyo pelo negro les colgaba por las axilas, estaba ahí sentada en sillas y en cajones, holgazaneando inocentemente día tras día por el pequeño jardín vacío de estos de basura, mientras su agobiada madre las llamaba una por una para que le ayudasen en las tareas de la casa y una por una se encogía de hombros o parpadeaban de forma cansina. Uretra, Cerebelos, Hernie Sue.
Nota: de lectura rápida y violenta, solo como Cormac McCarthy puede, Hijo de Dios es un gran testimonio para reconocer en ella al futuro escritor de No es País para viejos y La carretera. Altamente recomendable, por su gran fluidez y su muy mesurado lenguaje poético.
Un momento de descanso. Antonio Orejudo.
Antonio Orejudo, 2011
Dos semanas después de recibir la última sesión de tratamiento sucedió algo. Estaba tomándome una hamburguesa en Billie´s, en Port Jefferson, cuando me fijé sin motivo en una pareja que acababa de entrar, un hombre y una mujer. Ni él ni ella tenían nada de particular. Se sentaron en la mesa de al lado, y entonces supe, lo digo así, en cursiva, supe que ella era peluquera.
[...] Supe también que era madre soltera y supe que vivía en un apartamento minúsculo al sur de la ciudad, al que solo se podía acceder a través de otro departamento, del que ella no tenía llaves...
Nota: Un momento de descanso, es a mi gusto una novela igual de recomendable que Ventajas de viajar en tren, quizá con la gran ventaja de que Un momento... es en sí una novela uniforme y no ese gran collage de historias sícóticas y desquiciantes de Ventajas. Con gran humor critica ese mundillo de los catedráticos universitarios y los literatos. Aunque quizá sea un poco obvia la primera parte de la novela, la velocidad y el humor con que se cuentan los desmanes de Cifuentes y su vida académica, da contrapeso a este detalle. muy recomendable, of course.
Tuesday, July 15, 2014
Adelanto de La balada de los arcos dorados
En la Revista de la Universidad de México aparece un adelanto de la la novela La balada de los arcos dorados que aparecerá en el mes de agosto en Almadía. El link comienza con los siguiente:
Presentamos un adelanto de la nueva novela
del narrador y poeta juarense César Silva Márquez, que saldrá a la luz
estos días bajo el sello Almadía. El autor de Juárez Whiskey
no olvida la marca de la casa: personajes inusitados metidos en un
mundo convulso y violento, en una historia contada con prosa acerada y
precisa.
La balada de los arcos dorados
Cuando yo entré en su vida su vida ya había acabado,
ha tenido un principio, un desarrollo y un final. Esto
es el final.
Cormac McCarthy, No es país para viejos
ha tenido un principio, un desarrollo y un final. Esto
es el final.
Cormac McCarthy, No es país para viejos
Seamos claros en esto: en algún momento o en otro,
la mayoría de nosotros deberá luchar con sus
demonios personales.
Robert Simon, Los hombres malos hacen lo que los
hombres buenos sueñan
la mayoría de nosotros deberá luchar con sus
demonios personales.
Robert Simon, Los hombres malos hacen lo que los
hombres buenos sueñan
¡Tal vez ya prendieron el reflector para pedirte
[auxilio!
[…]
y allí están doblados tu traje de héroe y tus
[sentimientos de héroe,
listos para cuando entres en acción.
José Carlos Becerra, “Batman”
[auxilio!
[…]
y allí están doblados tu traje de héroe y tus
[sentimientos de héroe,
listos para cuando entres en acción.
José Carlos Becerra, “Batman”
Así comienza la película.
En primer plano aparece una fotografía donde
mi padre mira hacia la cámara, luego es la foto de mi madre en el
jardín de nuestra primera casa, en Infonavit, un jardín como un pequeño
parche verde y polvoso con un manzano torcido al centro, pronto le
sigue mi hermana de dos años huyendo de la lluvia, tratando de alcanzar
el zaguán. Al norte están los amplios cielos de Texas. Para mí, el sur
es un sueño diluido en bostezos cuyo nombre sólo aparecía en la
televisión los domingos por la mañana cuando veía el programa de
Chabelo. Lentamente surge mi mejor amigo en pantalones cortos jugando a
ser Supermán, con los brazos extendidos y los puños cerrados, cortando
el aire. Así llega el título de la película en letras grandes y un
fondo negro que por segundos oculta lo que sucede, como si el
espectador entrara en un túnel porque, a final de cuentas, para ver una
película hay que llegar al otro lado de lo que sea que tengas que
llegar, de la vida misma si se quiere. Y cuando el título se desvanece,
cuando llegamos al final del túnel, está el sonido crudo de los autos,
el rugido de los motores, el claxon histérico de una camioneta en la
distancia, una sirena abriéndose paso. Comienza la toma aérea de la
ciudad en medio del desierto oscuro, donde sus luces son como miles de
ojos de liebres cargados de luz. Alguien me ha puesto una pistola en la
nuca, alguien me dice que voy a morir, que así tiene que ser, que me
lo merezco, que si no sabía que en El Diario, donde trabajo, tienen oídos, así lo dijo, pendejo, qué no sabes que en El Diario
tenemos oídos. En ese momento mi vida es una película, y los héroes no
aparecen. Solo hay gente que camina por las calles destruidas del
centro, evadiendo los rincones más oscuros, mujeres que hablan por
teléfono sin percatarse de lo que pasa, gatos dormidos en terrazas y
perros a punto de ladrar. Cuando siento el cañón de la pistola en la
piel, pienso en todo lo que no he hecho en la vida, en cómo nunca he
estado en Zihuatanejo, por ejemplo, o cómo nunca me he lanzado en
paracaídas. Pienso en Rebeca. En las uñas de Rebeca, sus muñecas y
torso, en Rossana y su voz y piernas. Por un momento, en un solo
parpadeo largo, del cual creo que no volveré a abrir los ojos, pienso
en mi abuelo. Deseo un pase. Cuidándome de la coca tanto tiempo, para
morir aquí arrodillado. Sin duda, por más que hagas cambios en tu vida,
de una manera u otra, todo lo que has hecho se paga. Como si una
gitana te hubiera echado una maldición. Mi abuelo murió dos años antes
de que yo naciera, en San Luis Potosí. Lo único que tengo de él es el
recuerdo de una fotografía sobre el umbral de la puerta de la sala de
mi abuela. Luego ella murió y vendieron la casa. Y mientras siento la
muerte, por tercera vez en mi vida, pienso en el bigote mal recortado
de mi abuelo. La cocaína es mi kriptonita, pero se tiene que ser un
hombre de acero para no tener miedo a una bala que te partirá en dos la
cabeza. Lo había visto ya tantas veces en estos últimos días.
En una de mis primeras entrevistas cuando comencé a trabajar en El Diario,
le pregunté a un joven de veinticinco años porque había asesinado a
sus padres y hermana pequeña. Me dijo que ya no lo tomaban en cuenta y
que ahora por las noches veía a la niña muerta en la esquina del catre.
Después miró al suelo y me preguntó si yo veía a los muertos. Le dije
que no. Él se encogió de hombros y me pidió un cigarro que de inmediato
le negué. Tenía la nariz rota y un bigote de sangre seca porque los
custodios lo golpearon durante la noche, como una forma de bienvenida.
Ahora estoy aquí y un tipo me dice que me creo
mejor de lo que soy y vuelvo a sentir el cañón una, dos veces y la
gente pasa y los autos rugen.
Me llamo Luis, y un tipo presiona su pistola contra mi nuca.
Saturday, July 5, 2014
Mario Lugo habla sobre Una isla sin mar
Me gusta lo que dice Mario Lugo sobre Una isla sin mar
ARMARIO
Una isla sin mar de César Silva Márquez
ARMARIO
Una isla sin mar de César Silva Márquez
No hay un momento preciso para que un lugar, en este caso una ciudad
como Juárez, tenga su novela. Dentro del costal de ilusiones de algunos
literatos, principalmente los críticos literarios, está el encontrar o
descubrir de una vez por todas la novela de la Ciudad de México, la
novela de Nueva York, de Londres o de París, por mencionar sólo algunas muestras.
A pesar de la dificultad para determinar el surgimiento de esa novela
de Ciudad Juárez o de Chihuahua si podemos decir que los eventos que
ocurren, la población, la concurrencia de personas o personajes
memorables, incluso los fenómenos naturales hacen que una ciudad, un
país o un lugar en particular parezcan necesitar su novela. Lo ideal es
que fuera una novela de un autor (y muchos autores lo han ambicionado o
parecen haberlo ambicionado). Mi opinión es que es más frecuente que la
novela en este caso de ciudad Juárez la están escribiendo desde el
cierre del siglo pasado un puñado de escritores. En mucho se debe al
torbellino de hechos que han avasallado a la ciudad y sus habitantes. No
ha habido la capacidad para trabajar esa obra que a estas alturas sería
monumental. Por tanto sostengo que la novela de Ciudad Juárez es
(porque ya se han publicado sus primeros textos, sus primeras novelas,
parte de esa gran novela) y será un esfuerzo colectivo. La novela de
César Silva Márquez es claramente una de ellas. Juárez Whiskey del mismo
autor, de la que me ocuparé más delante es otra.
En la novela que
me ocupa la dirección, el destino del texto parece postulatorio desde el
título: Una isla sin mar. Ya de por sí desamparada respecto al mar si
no remoto, muy distante. El nudo, o uno de los nudos parece ser el
estarse yendo y la permanencia de un sentimiento de estar al borde, en
la orilla. Quizá por esto la novela se divide en dos partes: La orilla y
los que se van. El discurrir y el ocurrir en los personajes ratifica
una y otra vez esas condiciones: vivir en la orilla, en el bordo, en la
frontera y el estarse yendo, el estar abandonando y el ser abandonados.
Hay dos protagonistas principales que narran y son narrados entre sí:
Martín Rodriguez Miranda, personaje principal, quien narra la mayor
parte y Fabián Jimenez García, personaje secundario que en un par de
momentos toma el control del relato. Lo que ocurre a los personajes
puede ser sobrepuesto en cualquier región del mundo. Esto y la nitidez
narrativa que es manejada con mano firme por el autor le dan un carácter
universal a las experiencias de los personajes. Sin embargo, el hecho
de que el narrador tiene los pies bien puestos en un espacio fronterizo
específico y que su guía por las calles y lugares juarenses es tan
descriptiva hace imposible pensar en otra ciudad para quien la conoce o
la ha visitado. El siguiente momento de la novela lo deja muy claro:
“Acelero y tomo por el Boulevard Cuatro Siglos hacia el este, pensando
en los diez años que me he levantado a las 5:30 de la mañana para ir a
mi trabajo, recordando los sueños que en estos días me han asaltado. El
Cuatro Siglos es un malecón que corre al lado del seco río Bravo. (…) De
todo este mar que fue el norte, queda sólo esta hendidura. Más allá El
Paso, Texas, ordenado y fluido, me saluda.” (p. 25). Antes y después de
ese momento y hasta el final el avance topográfico es sutil, como si
fuera inexistente va llenando el mapa de una parte de la ciudad, la que
ha creado su avance inexplicable y terrible hacia el este. Se abandonó a
un Juárez sin que jamás se hubiera completado y se creó el otro, el
nuevo, donde la mayor parte de la vida del personaje se mueve. Donde
está su trabajo en la maquiladora, a la que se refiere como si no
existiera. Detalla pasillos y cubículos. Momentos de su actividad
administrativa que no calan en su vida emocional, en su verdadera vida.
Se reconcilia con Juárez a través de sus amores perdidos y el impulso de
abandonarla sin lograrlo. Como en una narración fantástica. Como en
Hotel California. Puedes llegar cuando quieras pero nunca te podrás ir.
Una Isla sin mar es una larga crónica de adioses y abandonos posibles
para todos menos para el personaje principal, para Martin. Sueña con
advertencias graves para que abandone la ciudad, su gran amor Eme lo
abandona, su amigo Fabián logra marcharse, sus ex compañeras de prepa y
la universidad también logran marcharse. Los personajes de una de sus
películas favoritas que se convierten en personajes de la novela también
logran escapar y vivir y morir en un lugar paradisíaco. Sólo el con
boletos en su mano que misteriosamente son rotos se queda para siempre
en Juárez. Las grandes tragedias de la ciudad están ausentes en la
novela, sin embargo es una ciudad llena de vitalidad. César Silva la
constituye como el lugar de la nostalgia, de los adioses y abandonos:
“Esta es una isla sin gaviotas ni leones marinos ni turista. Un mar
castrado.” (p.137) Para el personaje principal y para más de un millón
de juarenses es también el lugar, la orilla, el lugar de los sueños y la
permanencia obligada.
Al final de la novela logramos conocer
íntimamente a Martín a través de su memoria y los momentos que lograron
acompañarle en su vida de manera amena y clara. Sobre todo nos hace re
descubrirnos como pobladores de la orilla, de la frontera. Espectadores
de las bienvenidas y los adioses de tantos, como si estuviéramos en una
fantástica estación de tren. Nos descubrimos de alguna manera, como
Martín con sus boletos en la mano, imposibilitados para dejar a Juárez a
pesar de todo. Aunque llegué tarde a leer Una isla sin mar, integrante
de la gran novela de ciudad Juárez que se está construyendo mientras los
hechos nos arrastran no sabemos hasta dónde, puedo decir que está
escrita con un estilo limpio y sobrio: sin juegos de luces de bengala.
Mantiene un ritmo equilibrado que nos dosifica la fantasía y la pasión
de los personajes.
Una isla sin mar. César Silva Márquez. Editorial Mondadori. Literatura Mondadori 392. 164 pp. Barcelona 2009.
Mario Lugo habla sobre Juárez Whiskey
Mario Lugo escribió lo siguiente sobre Juáerz Whiskey, como siempre, gracias por el espacio
ARMARIO
Juárez Whiskey de César Silva Márquez
Juárez Whiskey de César Silva Márquez
En esta novela César Silva Márquez narra de manera nítida y
desapasionada la vida de Carlos, un ingeniero de maquila, transcurre
casi de manera anodina en Juárez. Sus amores, como su participación en
la rutina de trabajo parecen ser irrelevantes. Sus amores, sus
desprendimientos y adioses ocurren sin pena ni gloria. La presencia de
la ciudad, por otra parte, mantiene una
relevancia constante, aunque sin estrépito o melodrama, a pesar de lo
que ocurre en ella. La geografía fronteriza, sus calles, y lugares son
atendidos con serenidad y cierta maestría; pero sin emoción en la
mayoría de los casos. O quizá para dejarlo con claridad, se nos hace ver
la vida en ella de manera nostálgica. Sabemos de la tragedia que se
vive en ella sin el carácter trágico que realmente tiene.
El hecho
de ver con cierta distancia el día a día a pesar de tratar en detalle lo
ocurrido y describir con detenimiento el paisaje tiene sus ventajas.
La lectura es un ejercicio apacible. No hay lamentación por la miseria
diaria en el área de trabajo. Tampoco hay drama o dolor por la pérdida
sistemática en los intentos amatorios o la fragilidad de las relaciones.
No es que se ignore lo que se expresa en momentos de una manera bella:
“(…) pensé en la arena acumulada de la calle, en esta ciudad sitiada que
tal vez nunca debió serlo, en su arena de espadas molidas recorriendo
las avenidas.” (pp. 24 y 25). La nostalgia se enfrenta un tanto como
ejercicio antropológico: “(…) la zapatería Canadá, con su peculiar
letrero en azul y blanco en vertical. Antes era la gran zapatería
nacional y ahora ya ni existe. Al menos no tan magistral (sic) como yo
la recuerdo” (p. 32). Se pueden encontrar capítulos magistrales (pp. 41 a
la 46). O la rápida reflexión sobre los personajes en los libros y la
vida que cierra con: ‘Sólo existen las cosas que se despiertan tocadas
por la mano del tiempo, como si fuera el respiro de un personaje en una
novela. Un personaje que respira, come y bebe. ‘ (p. 62).
Es decir,
no hay sacudimientos o solidaridades en lo que se narra. Queda todo en
la elementalidad de un perro que se asolea por las mañanas y deja que el
día, los días, avancen como deben avanzar, con la excepción de la
presencia constante de la nostalgia y la narración de lo que está ahí.
Sin oportunidad de solución. Es la presencia fría de la fatalidad de la
vida. Como un gato domestico que observa el transcurrir de la violencia,
con azoro pero sin plantear soluciones o actuar.
Es mi rutina y yo
como espectador que sabe que cualquier acción sería inútil, me duelo
pero sin desbordamiento: “Yo y mi ciudad y mis edificios derrumbados en
forma de muela dolida. Mi propia zona cero. Mi vida ante la computadora
en un constante ir y venir” Para luego establecer un enlace entre uno
de los temas más poderosos de la novela, los dolores de muelas y
dientes: Yo y mi ciudad nos dolemos de nuestras bocas. Nos han sitiado.
Mis dientes dolidos significan humo, balazos y derrumbes; cuadros
surrealistas, leones rugiendo, langostas enormes comiéndose el horizonte
y mujeres transformándose en piedra; todas mis rocas en medio del
desierto como un juego de canicas inalcanzable, pintado por Salvador
Dalí” Para arrancar otro párrafo más abajo bon una frase demoledora:
“Alguien debería escribir una novela con todo esto” (p. 69).
Aunque en mucho Juárez Wiskey es una historia de amor, de muchos amores, no se logra el apasionamiento en el lector. Es decir, no se logra la fascinación típica en este género. Así, aunque las heroínas o protagonistas de la novela parecen ser encantadoras no logran calar hondo en el lector. Quizá es lo que se esperaba. E ese sentido perdimos mucho ante la impasibilidad de Carlos, el protagonista principal.
Aunque en mucho Juárez Wiskey es una historia de amor, de muchos amores, no se logra el apasionamiento en el lector. Es decir, no se logra la fascinación típica en este género. Así, aunque las heroínas o protagonistas de la novela parecen ser encantadoras no logran calar hondo en el lector. Quizá es lo que se esperaba. E ese sentido perdimos mucho ante la impasibilidad de Carlos, el protagonista principal.
Los pocos párrafos dedicados por necesidad de la narración a la rutina
maquilera de los empleados administrativos y al momento culminante de un
despido son formidables. (En la página 130 puede encontrarse uno de
esos momentos.) Muchos juarenses se podrán ver en ese espejo. La
atención al tema es breve porque la estructura de la novela, creo yo,
así lo requería: pero es muy bueno.
Concluyo: La novela es excelente en tanto el personaje principal somos o podemos ser todos y su manera de aproximarse a la realidad es en mucho la que asumimos la mayoría: Testigos únicamente y protagonistas pasivos. Victimas en muchísimos casos. Insensibles también. Expresión intimista narrada con un estilo lucido y limpio. Es un documento que se instala en la memoria literaria de nuestro tiempo.
Juárez Whiskey. César Silva Márquez. Editorial Almadía. México. 2013. 156 pp.
Concluyo: La novela es excelente en tanto el personaje principal somos o podemos ser todos y su manera de aproximarse a la realidad es en mucho la que asumimos la mayoría: Testigos únicamente y protagonistas pasivos. Victimas en muchísimos casos. Insensibles también. Expresión intimista narrada con un estilo lucido y limpio. Es un documento que se instala en la memoria literaria de nuestro tiempo.
Juárez Whiskey. César Silva Márquez. Editorial Almadía. México. 2013. 156 pp.
Wednesday, June 11, 2014
La balada de los arcos dorados, este verano
Como no tengo mucho que hacer, va:
De los productores de Juárez Whiskey
ya viene
La balada de los arcos dorados
Summer 2014
El agente Pastrana se acerca
Jeje
Nota: título de la fotografía "Mcdonalds graffitti", arte callejero en Atenas, tomada de Syrup Kids (origen: http://syrupkids.com/shoutouts/?tag=mcdonalds-graffitti)
Thursday, June 5, 2014
Noticias de la noche. Kostas Jaritos
Petros Márkaris, 1995
[...]
-En esta sociedad capitalista, el conocimiento se paga o se roba. No hay más caminos.
[...]
Estoy sentado delante del televisor con una bolsa de plástico en el regazo. La bolsa contiene suvlaki con pita y todos los condimentos posibles, una hamburguesa con guarnición completa, un pincho variado -variadísimo- y papas fritas que entraron humeando en la bolsa y salen apelmazadas. Las despego con los dientes y me las como. No he traído plato, porque me gusta comer los suvlakis como un indigente. Así disfruto más. Si me viera Adrianí, me castigaría con una semana de interrupción de relaciones conyugales.
Nota: Márkaris a logrado un personaje entrañable, el detective Kostas Jaritos. Con una dosis suficiente de humor, Jaritos se mueve por Atenas tratando de aclarar dos asesinatos de mujeres. Si bien de pronto parece ser demasiado el enredo de la trama, hasta tocar los bordes del absurdo, uno no se cansa de saber qué más sucederá a continuación en esta entretenida novela. 100% recomendable.
[...]
-En esta sociedad capitalista, el conocimiento se paga o se roba. No hay más caminos.
[...]
Estoy sentado delante del televisor con una bolsa de plástico en el regazo. La bolsa contiene suvlaki con pita y todos los condimentos posibles, una hamburguesa con guarnición completa, un pincho variado -variadísimo- y papas fritas que entraron humeando en la bolsa y salen apelmazadas. Las despego con los dientes y me las como. No he traído plato, porque me gusta comer los suvlakis como un indigente. Así disfruto más. Si me viera Adrianí, me castigaría con una semana de interrupción de relaciones conyugales.
Nota: Márkaris a logrado un personaje entrañable, el detective Kostas Jaritos. Con una dosis suficiente de humor, Jaritos se mueve por Atenas tratando de aclarar dos asesinatos de mujeres. Si bien de pronto parece ser demasiado el enredo de la trama, hasta tocar los bordes del absurdo, uno no se cansa de saber qué más sucederá a continuación en esta entretenida novela. 100% recomendable.
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