En Facebook existe un espacio llamado La fragua de los tiempos, el autor es el historiador y catedrático Jesús Vargas Valdés.
En esta Fragua habla sobre tres novelas juarenses, entre ellas Juárez Whiskey, va el teso íntegro, si tuvieran acceso a FaceBook encontraría el texto ahí mero.
La Fragua de los Tiempos, domingo 16 de febrero de 2014. N° 1043
February 14, 2014 at 6:31pm
Escritores de ciudad Juárez.
Jesús Vargas Valdés.
Mire: No es que la gente sea mala. Tampoco que el aire sea malo. Es tanta
mierda. Yo conocí mucha
mierda, créame. Una conoce mucha
mierda. Los más
mierda no somos usted o yo. Los más
mierdas no son los
narcos ni los
malandros; esos qué: son como usted y como yo, pero más listos. Los
mierda, los verdaderos
mierda,
son los políticos, los policías. Y de esos hay siempre puños y puños.
Donde quiera se aparecen. Nomás están para sacarle a uno el jugo. Nomás
están para vivir de los otros. A ciudad Juárez lo pudren los políticos
porque Juárez, se lo digo de verdad, Juárez es noble, sí, sí, como dice
Juan Gabriel: Juárez es noble. Los que no son nobles, son los
pinches políticos.
Puta bola de vividores,
puta
bola de corruptos. Si yo fuera Dios, óigame bien, acababa esa ciudad
con lumbre, aunque me cargara a los justos. Sólo para cargarme a los
políticos. Sólo para terminar con esas lacras. Así lo pienso; por algo
no soy Dios.
De la novela
Música para perros (p.90)
De
Alejandro Páez.
Con cinco títulos
publicados el año pasado, en diferentes editoriales: Alfaguara, Océano,
Samsara, Almadía y Solar, la novela de ciudad Juárez se ha colocado a la
vanguardia en nuestro estado, aunque no faltará quien se pregunte: ¿y
eso qué?... y hasta podrá argumentar que cinco nuevas novelas no
significan nada en el contexto nacional, donde cada año se cuentan por
centenas. Sin embargo, por la calidad de cada una de estas novelas y
porque en todo el estado son muy escasas las que se publican, considero
que es un hecho inusitado que merece nuestra atención. Hasta me
atrevería a sugerir que se trata de un movimiento literario porque no
sólo comprende la novela, sino también el surgimiento de nuevos
cuentistas y poetas.
¿Cuáles son las novelas y quiénes los autores?
1.
Juárez Whiskey, de César Silva. 2.
Música para perros, de Alejandro Páez. 3.
La muerte de la tatuadora, de Willivaldo Delgadillo. 4.
Policía de ciudad Juárez, de Miguel Ángel Chávez Díaz de León. 5.
Nuestra Señora de la Sangre, de Ricardo Vigueras.
Debo
advertir que no tengo referencia de alguna otra novela publicada en
este año, pero me gustaría mucho saber que hay otros títulos y otros
autores, para leerlos y mencionarlos en esta página. Por lo pronto voy a
publicar algunos comentarios de las primeras tres novelas, en el orden
que las fui leyendo, anticipando que los que se hacen a la novela de
Alejandro Páez,
Música para perros, los escribió Flor García Rufino.
Uno. Juárez Whiskey, Editorial Almadía.
Autor: César Silva Márquez. Nació en 1974, en ciudad Juárez. Además de cinco poemarios, es autor de las novelas:
Los cuervos (2006) y
Una isla sin mar (2009). Actualmente vive en la ciudad de Xalapa.
El nombre de la novela:
Juárez Whiskey,
corresponde a uno de los referentes culturales de esta ciudad: la
bebida que se empezó a elaborar aquí en gran volumen a finales de la
década de los años veintes y que se pasaba de contrabando hacia los
Estados Unidos, donde encontraba un inagotable mercado debido a la Ley
Seca. De diferentes maneras, el título nos remite a la relación de
ciudad Juárez con El Paso y el resto de los Estados Unidos; a la intensa
actividad nocturna que se desarrolló en esta ciudad en esos años; al
origen y crecimiento de las mafias de contrabandistas que proliferaron
en esta ciudad y al otro lado de la frontera.
El protagonista
central de la novela es el ingeniero Carlos (a secas), de treinta años,
empleado de una maquiladora donde se producen arneses para la industria
automotriz de los Estados Unidos.
La novela se ubica en el año
2008, lo que irremediablemente lo lleva a tratar, de manera
intermitente, el ambiente de violencia que se vive en la ciudad. El
estilo que César escoge para construir la novela es la narración en
primera persona, casi todo el tiempo, como si Carlos estuviera ante un
interlocutor atento y de toda su confianza, a quien le va contando
algunos rasgos de su vida y su relación con las mujeres, remitiéndose,
cada vez que lo considera oportuno, al paisaje, al ambiente de la
ciudad.
Carlos se mueve como pez en el agua en su medio laboral,
pero ese es un tema al que no le atribuye importancia y casi lo deja
fuera, solamente lo aborda cuando la crisis inmobiliaria de los Estados
Unidos provocó de rebote el cierre de varias maquiladoras y él se vio en
riesgo de quedar sin empleo.
A diferencia del común de los
ingenieros de la maquiladora, Carlos es un lector asiduo y eso le ayuda a
desenvolverse bien al momento de intentar una relación amorosa. Es
afecto al whisky Etiqueta Negra y a escuchar música, pero en esto
también es atípico, pues así como escucha y se emociona con el
jazz o con Pink Floyd, también le gustan las canciones de Javier Solís.
El
hilo conductor son las mujeres, que es igual a decir los fracasos o
abandonos que marcan la constante de la novela y de la vida de Carlos
durante los cuatro años anteriores al 2008. El recorrido se inicia con
Rocío, quien lo abandona para irse a vivir a los Estados Unidos. De ahí
en adelante lo acompañaremos, a través de “sus mujeres”, hasta el último
intento, donde el autor deja que el lector construya un final que tal
vez nos parezca previsible.
Juárez Whiskey es una novela urbana
que nos jala desde el principio por la credibilidad de los personajes,
la naturalidad de las situaciones y el ambiente en que se van
construyendo las relaciones amorosas y sus frustraciones. En las últimas
líneas queda la sensación de que la historia no ha terminado, que tal
vez Carlos llegará al mismo punto de partida y nos quedamos pensando en
los cuestionamientos y las reflexiones que él no se hizo y que no quiso
compartir con nosotros... sus leales interlocutores.
Dos. Música para perros, Editorial Alfaguara.
Autor:
Alejandro Páez, nació en ciudad Juárez el año 1968. Pertenece a una
familia de periodistas y él mismo se ha destacado, desde muy joven, en
el oficio. Fue subdirector editorial de
El Universal, y subdirector fundador de la revista
Día Siete, que tuvo continuidad durante once años. Editor en
Reforma, El Economista y otros medios. Actualmente es director del contenido del portal
www.sinembargo.mx.
Música para perros
es una historia situada en el norte mexicano, en la frontera de ciudad
Juárez y en la sierra de Chihuahua, con personajes simples y familiares
para los que somos de estas tierras, en los cuales podemos apreciar a
la vez la más brutal animalidad y la más conmovedora humanidad.
Un
niño perdido en la sierra, convertido en un animal silvestre intentando
sobrevivir, llega a un rancho y se integra a la jauría de perros que
resguardan la finca, alimentándose con ellos del mismo plato, hasta que
la vieja y solitaria cocinera lo recoge y le ofrece su ternura,
criándolo con su sabiduría de mujer serrana.
En su ignorancia y
comportamiento animal, el niño se maravilla y conmueve con el sonido de
una flauta, convirtiéndose ésta en el lazo que le permite recuperar el
lenguaje.
Flor, una joven pueblerina a la que como a muchas, la
necesidad la ha llevado a vivir como una mujer pública, desea extender
su horizonte y emigrar a Juárez, “la gran ciudad con oportunidades para
todos”, que se transforma después en un lastre que no le permite
disfrutar del amor.
Ambos personajes, el niño y la flor, se encuentran fugazmente sin saber cuán ligados están sus destinos.
El
libro contiene un sinfín de elementos que resultan entrañables y
característicos de las tierras norteñas: olores y sabores; el cortante
frío y el sofocante calor; el acento y la forma de hablar de la gente de
distintos pueblos; la maravillosa sabiduría popular y los remedios
naturales; la perversidad y la inocencia.
Dejándonos al final una
sobrecogedora sensación y cuando aún estamos saboreando los rasgos y
actitudes de sus personajes y adentrándonos en la reflexión de las
situaciones y del comportamiento humano, el autor nos detalla que esta
novela forma parte de una trilogía que empieza con
Corazón de Kaláshnikov, sigue con
El reino de las moscas y culmina con
Música para perros,
despertándonos la inquietud por conseguir las otras dos obras y seguir
disfrutando del estilo y las historias creadas por la imaginación, la
percepción y las vivencias de Alejandro Páez Varela.
Era
mediodía cuando escucharon un sonido extraño. Se agazaparon para no
ser vistos (los perros le seguían cada paso) y desde la maleza amarilla
vieron a cuatro niños caminar por el costado del asfalto. Uno de ellos
llevaba una flauta dulce barroca de plástico, de las que se usan para la
instrucción de música en las escuelas primarias. Su sonido, que nunca
antes habían escuchado, los despertó.
El niño tocaba
notas al azar y sin metro, sin melodía. Pero al muchacho le pareció tan
hermoso que se puso a llorar, y los perros comenzaron a aullar sentados
sobre sus patas traseras.
Regresó corriendo a la cocina de la casa principal y se abrazó a las enaguas de la vieja. Ella dijo:
—¿Qué tienes?
Él, que para entonces no hablaba una palabra, la miraba con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Qué tienes? –le insistió–. No puedo saber qué tienes si no me lo dices.
La
vieja estaba decidida a presionarle para que hablara. Ese niño, lleno
de cicatrices viejas y callos hasta en las nalgas, no lloraba nunca
aunque se cayera del techo de un árbol. El “qué tienes” era, en
realidad, una incitación, un “habla ya, de una vez por todas”.
Tres. La muerte de la tatuadora.
Autor:
Willivaldo Delgadillo, originario de ciudad Juárez, donde ha
participado en diversos movimientos culturales autogestivos. Autor de la
novela
La virgen del Barrio Árabe (Plaza & Janes 1997) y
La mirada desenterrada (2000).
Responsable en 1993-1995, del área de literatura en el Comité Técnico del Instituto Chihuahuense de la Cultura.
De 2004 a 2012, participó en los movimientos ciudadanos que reclamaron justicia para ciudad Juárez.
La muerte de la tatuadora,
es una novela que tiene como escenario el Barrio Árabe, equivalente a
ciudad Juárez en los tiempos de Felipe Calderón. Se trata de una ficción
de principio a fin, donde personajes y acontecimientos nos van
remitiendo a los momentos más dramáticos de aquella guerra que todavía
no se acaba de comprender y mucho menos asimilar. La representación de
la violencia y sus efectos de terror aparecen esporádicamente en la
novela, pero en clave, como una serie de acertijos que el lector tiene
que ir descubriendo.
En el centro de la historia intervienen
tres personajes: La tatuadora, Ruanna Gaela, el capellán tatuado,
especie de chamán que posee poderes de sanación, y Misraelí, aprendiz de
la tatuadora, amante, a la vez del capellán. Alrededor de estos tres
personajes van apareciendo los demás protagonistas, todos representan de
diferentes maneras a personajes reales de una sociedad subterránea que
se rige por código de valores en el que se mezclan la superchería, la
magia, la lealtad y el desprecio a la muerte.
La novela empieza
con un sueño premonitorio del capellán que, después comprendió, era el
anuncio de la muerte de Ruanna, la tatuadora. Floriana, la mesera del
café, le dio la noticia, y él emprendió un largo recorrido hacia la casa
de Ruanna, pero no sólo para llegar ahí, sino para buscar los pasos que
ella había dejado por las calles del Barrio Árabe.
Anticipándose
a la muerte, la mujer tatuada había decidido escribir un libro con sus
memorias y las experiencias con el cuerpo y sus símbolos. Advierte el
autor que estas memorias no tenían una motivación social, sino más bien
el placer que se había apoderado de su oficio, la necesidad de
experimentar sobre otras superficies lo que ya había ejercido sobre la
piel.
Por el refinamiento de la prosa y, la hermosa
caligrafía de sus escritos, empezaron a conformar un volumen de lirismo
autobiográfico que nunca tuvo nombre, pero que más tarde fue conocido
como Ars Tatu. Los aprendices de tatuadores lo leyeron como manual
iniciático, y sus adeptos como libro sagrado (...) fue de mano en mano
en los círculos de la subterránea vida artística del Barrio Árabe. Sus
escritos fueron decisivos para conferir al tatuaje en estatus de arte.
Mientras tanto, su práctica cundió como una forma de identificación
comunitaria, como la enigmática voz que otorgaba discretos pero eficaces
poderes.
El capellán es el que conduce la trama, el
que se mueve a lo largo de la novela. Un hombre de gran poder y respeto
que interviene en todos los medios sin entrar en conflicto y sin
sentirse amenazado por la violencia que se ha apoderado del barrio.
Gracias
a su poder y sus nexos con los hombres de la guerra, le toca estar en
el lecho de muerte, confiesa y ayuda a bien morir a uno de los hombres
de más poder: Farragán: “el jefe paramilitar más sanguinario, el mismo
que había encabezado la quema de pueblos y vecindarios enteros”, cuya
muerte provoca el incendio en la zona de los Bazares y la destrucción de
las figuras de mármol levantadas en una de las plazas.
Pero, a
final de cuentas, el capellán, con todo y su poder de ubicuidad, sólo es
una pieza más que gira en torno a Ruanna Gaela, que igual podría ser
llamada la escribidora que reúne en su obra
Ars tatu, la memoria colectiva, las marcas que ha dejado una guerra infame que se ensañó con la gente más desprotegida del Barrio Árabe.
Esfuerzo
inmenso el de Willivaldo, emprender la reconstrucción de la historia
reciente de ciudad Juárez, usando los recursos que ofrece la ficción y
el simbolismo, acercando al lector al uso de un lenguaje codificado que
tenemos que ir descifrando paso a paso, porque en esta novela se juega
mucho y muy creativamente con los símbolos.
La Fragua de los Tiempos, domingo 23 de febrero de 2014. N° 1044
February 21, 2014 at 7:15pm
Escritores de ciudad Juárez.
Jesús Vargas Valdés.
Con
esta “Fragua” se cumple mi compromiso de presentar los datos generales
de las cinco novelas que se publicaron el año pasado en ciudad Juárez;
pero antes de presentar los libros de Chávez y Vigueras, considero
pertinente hacer algunos comentarios, empezando con dos preguntas que me
han estado rondando:
¿Cuántos chihuahuenses se han enterado de la existencia de estos escritores?
¿Cuántos chihuahuenses han leído alguna de las novelas?
Puedo
aventurarme a señalar que en la ciudad de Chihuahua no llegan a diez
personas que hayan leído las cinco novelas, y lo digo porque, al azar y
de manera espontánea, he preguntado a varias personas, amigos o
conocidos que son asiduos lectores o que están estrechamente vinculados a
la literatura, y casi todos me han respondido negativamente. Algunos me
han asegurado que conocen a los autores por trabajos anteriores, pero
de estas novelas casi no se sabe nada.
Me imagino que en ciudad
Juárez es diferente, pues allá los autores son reconocidos, tienen
muchos amigos, algunos son maestros o lo han sido; pero además tengo la
información de que las cinco novelas se han presentado y comentado
formalmente. Entonces debo partir del supuesto de que allá sí se han
difundido estos libros.
¿Por qué en Chihuahua no son reconocidos?
Lamentablemente
en la capital del estado se desconoce a casi todos los escritores
locales, no solamente a los que he mencionado. Voy a intentar una
explicación: para empezar, ninguno de los medios de difusión: ni los
diarios, ni las estaciones de radio, mucho menos la televisión, se ocupa
de las actividades culturales. Ya lo he señalado en ocasiones
anteriores, para estos comerciantes de la “información” la actividad
cultural no deja dinero, solo representa pérdidas en todos sentidos.
Pero
no es todo, tal pareciera que los profesores de literatura en los
bachilleratos no están enterados de que hay escritores y novelas
chihuahuenses. Nadie se ha preocupado por recomendarles a ellos que
busquen y lean lo más cercano. Me consta que a los jóvenes se les
encarga como tarea la lectura de autores extranjeros como Herman Hesse,
Aldous Huxley, y autores nacionales como Carlos Fuentes o Elena
Poniatowska. Ahora que murió José Emilio Pacheco se pusieron de moda sus
libros emblemáticos: El principio del placer y Las batallas en el desierto.
En
la Facultad de Filosofía de la uach, los profesores tampoco se
interesan por los autores locales, y es que si ellos no empiezan por
conocerlos será imposible que se los comenten y encarguen a sus alumnos.
¿Qué decir del ichicult y de su Feria del Libro anual?
El
panorama es muy adverso en la literatura regional, desgraciadamente
todo está en contra y tenemos que lamentarlo, porque libros se producen
muchos cada año pero no hay manera de cosechar y aprovechar el esfuerzo
de los autores.
Ahora sí.
Policía de ciudad Juárez.
Reseña de Mario Lugo.
Policía de ciudad Juárez.
Rescata lo imposible de reivindicar. Su método es crear un personaje
inofensivo dentro del mundo siniestro de un gremio siempre cuestionado,
temido y tantas veces odiado, el gremio policíaco. También rescata una
suerte de belleza y sentimientos de ternura por una ciudad que
aparentemente se recorre de manera sencilla y en unas cuantas páginas.
Así nace un nuevo personaje que puede ser legendario en un género
narrativo exclusivo para estrategas literarios: el policíaco. No tenemos
muchos en México, pero los que tenemos son de lo mejor y todo parece
indicar que Miguel Ángel Chávez se suma con esta novela a ese grupo
selecto.
El personaje principal, el agente Pablo Faraón González,
por apodo y ocupación, el Amarillo, está concebido con claridad y
contundencia. Entra a la imaginación del lector, en este caso, como
Pablo por su casa. Es astuto, cauteloso, caballeroso, si no, que lo diga
su compañera y pareja de trabajo y sobre todo, cachondo amor, Ruth
Romo. También es considerado por el Atoto, cabecilla de una banda de
narcotraficantes, ni de arriba ni de abajo, como “(…) un chota, un
policía derecho, de los pocos que hay y en ti se puede confiar”. La
ocupación de la Brigada Listón, es la tan vituperada tarea por los
pobladores citadinos, de poner el listón amarillo en las escenas del
crimen que tan solicitada estuvo en los años del terror en ciudad
Juárez. Actividad que en el mejor de los casos, causaba sonrisas de
ironía por inútil a los ojos de los espectadores. “Nada más para eso
sirven”, se comentaba con frecuencia. “En lugar de perseguir, nomás
llegan a hacerse bola y a poner sus mugreros de cinta, como si con eso
resolvieran algo.” En su novela, como dije arriba, el autor rescata esa
ocupación como determinante para dar seguimiento a una trama muy bien
urdida. Plena de acción y folklore citadino. Verdadero tour forzado por
las calles de la ciudad y sus lugares más memorables. Como era de
esperarse, el texto tiene la dosis necesaria de ejecutados, descabezados
y de algún comandante colgado “como Yoyo” (P. 58), nos hace ver el
personaje. El Amarillo es un tipo rico en características presentadas
con insistencia. Es un goloso y fanático del huitlacoche, entre otras
cosas. El huitlacoche es un pivote y funciona como remate, celebración o
refugio para los avatares del agente Pablo Faraón y su acompañante. Yo
reprocharía sólo la sustitución de La Línea por La Regla; y el Chapo por
el Chavo Gaitán. Aunque quizá deba entenderse como una constatación del
carácter fantasioso del relato. Quién sabe. A mí me parece que perturba
e impone una barrera que le daría más relieve a la historia si no
estuviera ahí.
Aunque la novela se mueve en torno a pocos
personajes, la referencia a muchos otros enriquece y le da movilidad, en
muchos casos trepidante. Es una novela excelente. El autor se esfuerza
por imponer algunos chispazos líricos: “Ahí me paré y vi los reflejos de
la luna que caían sobre el vitral; Ruth tenía razón, no me había
fijado, la luna llena se quería meter a la casa.” (P. 89.)
Como
las buenas novelas policíacas, deja al lector con el deseo de saber qué
sigue y lo deja expectante por nuevas aventuras, no sólo de su personaje
principal, sino de otros personajes que muestran estupenda madera para
trabajarse.
El retrato de su ciudad y su tragedia, sin melodramas y
con un realismo puntual, es memorable. Digno de alabanza es el sentido
del humor, tan escaso en nuestras letras. La sensualidad de Ruth y el
tiempo de espera a que somete Miguel Ángel al lector, hasta que se
realiza el sueño del personaje principal, es una delicia. Ante la
desgracia y la tragedia, un paréntesis para tener una visión rápida y
llena de afecto a ciudad Juárez y su gente. Hay que leerla. Es divertida
y escrita con una sencillez sorprendente. Esperamos más historias del
oficial de policía Pablo Faraón González, el Amarillo.
Nuestra Señora de la Sangre.
Por Jesús Vargas Valdés.
Tres
mujeres persiguiendo su destino: las dos primeras buscando la manera
de cerrar heridas, recorriendo el tiempo y la vida al revés en busca de
uno de los eslabones perdidos de su vida. La tercera, evadiéndose de la
realidad en el momento de hacerse mujer, porque no le había sabido
cumplir a su padre, un magnate poderoso y respetado por la autoridad.
Uno.-
La cierva altiva, hermosa cuarentona de nombre Enriqueta Saldívar, que
hace un gran salto por encima del mar, desde Calombra, ciudad fronteriza
del norte de México, hasta una isla del Caribe, donde le han dicho que
vive su padre, al que no ha visto nunca, joven guerrillero de nombre
Abdul, quien había huido de Calombra nueve meses antes de que ella
naciera.
Dos.- Sonia Valero, bella morena amulatada, originaria de un rancho cercano a la gran ciudad de su destino.
Obsesionada
por la mala suerte que le había dado el “tres” en la vida, llega desde
las alturas al final del último viaje que termina en un edificio azul
donde hay tres salas, con tres sillones cada una, y en la sala número
tres se mira ella misma, envuelta en un precioso vestido de novia que no
recordaba haberse puesto. Sobre el ataúd, una solitaria corona donde se
había escrito: “Por la paz eterna de Sonia Valera”; estaba muerta.
El
verdadero viaje de Sonia había empezado muchos años atrás, cuando sólo
tenía unos meses de casada y su joven marido la había golpeado,
vilipendiado y proscrito del rancho, quedándose él con la niña y
advirtiéndole que solo podría recuperarla si regresaba con mucho dinero.
Sonia
tenía entonces menos de veinte años, y el único rumbo que se le puso
enfrente después de los golpes fue el de Puntaloba, a donde llegó en
condiciones lamentables, empezando a trabajar por la comida, hasta que
una mujer “piadosa” le abrió las puertas de un prostíbulo disfrazado,
cumpliéndose así la premonición que desde tiempos lejanos la abuela le
había repetido cada vez que le preguntaba por la ciudad: “niña, las que
se marchan a la ciudad son todas putas.”
Tres.- Nictímene se
pierde el mismo día en que había iniciado su reinado de mujer burguesa.
Desde los brazos complacientes y amorosos de su padre, uno de los
hombres más ricos, se había despedido de la niñez en la fiesta de sus
quince años. Esa noche se había mostrado esplendorosamente bella ante la
sociedad más burguesa de Nuestra Señora de la Sangre, y a nadie le
hubiera pasado por la mente que horas después desaparecería sin dejar
huella.
El capitán Adán Nebreida, Caballo Ciego,
responsable de la policía y amigo personal del padre de la muchacha,
ordena a todos sus hombres que salgan a buscar cualquier pista,
advirtiéndoles que no quiere respuestas sino resultados.
Al frente de la investigación queda el agente Lucas Bauer, el Ratón,
quien busca y logra llegar al mero jefe de jefes, el conciliador de
todas las mafias; y éste, a regañadientes, lo atiende asegurándole que
no hay secuestro ni acción de parte de la gente organizada.
Antes
de llegar al encuentro de Nictímane, el autor tiene la oportunidad de
desplegar su imaginación para mostrar ante el lector la forma de actuar
de la policía cuando se trata de sacar información a base de la tortura
y, por otra parte, la forma en que las mafias controlan las actividades
prohibidas desde el lado oscuro de Nuestra Señora de la Sangre.
Cuando
pareciera que ya todo ha terminado, después de quedar resuelto el
acertijo de la desaparición de Nictímene, el autor se extiende en casi
veinte páginas más, hace un sesgo y nos conduce al otro final de la
historia: al infierno interior de un policía degradado en su humanidad:
Lucas Bauer, el Ratón, que había seguido el rumbo de cada una
de las tres historias y solo al final vamos a enterarnos por qué se le
había asignado una presencia tan importante, convirtiéndose por obra del
autor, en el personaje central de su novela.
Colofón.
A las dos de la tarde del jueves 20 de febrero, pasé la última página de Nuestra Señora de la Sangre
cerrando en ese momento el ciclo de lectura que había iniciado cuatro
semanas antes y que me había llevado por los diversos derroteros
literarios que habían marcado estos cinco escritores de ciudad Juárez.
La
experiencia de la lectura fue placentera, pero también provocadora. Al
final ha quedado muy en alto el nombre y la calidad de estos autores.
Puedo asegurar que el tramo que le espera a cada uno es largo,
obviamente no termina aquí, cada uno de ellos tiene mucho camino por
andar y mucho que dar a las letras regionales y nacionales.
Tengo
que reconocer que esta experiencia de lectura llegó inesperadamente, sin
buscarla. Primero fue el encuentro con Alejandro Páez en la Feria del
Zócalo, el mismo día y la misma hora en que él presentaba su libro: Música para perros
y nosotros, la biografía de Nellie Campobello. Después, por medio de
Gerardo, mi hijo, recibí el libro de César casi al mismo tiempo que
Willivaldo me hacía llegar el suyo. Durante varias semanas estos tres
libros se quedaron encima de mi mesa de trabajo, hasta que un día empecé
a leer Juárez whiskey, para no parar hasta terminar los tres y conseguir los otros dos.
Una
vez más, los escritores se han adelantado a la historia, rebasando al
mismo tiempo las ambigüedades del discurso oficial. Como ya lo había
mencionado antes, en la obra de César Silva y de Alejandro Páez no está
muy presente la tragedia de la guerra, sin embargo en ambas se respira
ese ambiente de desesperanza y pesimismo que dejaron esos años de abusos
e infamias.
En las otras tres es más explicita esta presencia y
sus efectos sociales. Al final queda la sensación de que algo se está
desgranando, de que no todo es impunidad y oscuridad; queda la certeza
de que es posible, a través de la literatura, desentrañar los misterios,
de curar las heridas sociales y poner a cada quien en su lugar.
La
secuela del policía Lucas Bauer, nos enseña el interior de estos
personajes turbios que hacen del horror y el terror su oficio. No está
descubriéndonos el Ratón nada de lo que no se haya hablado o escrito,
pero la forma en que se presenta conduce a pensar que es verdad. Una vez
más se comprueba que donde termina la realidad empieza la fantasía, y
en este caso también es una forma de saber.
Moncada es el más alto
en el concilio, el jefe de jefes, el conciliador. Su pasado es
terrible: el más despiadado entre los asesinos, pero cuando acude a la
cita con el Ratón, en uno de los Mc Donald´s de El Paso, lo hace con su
pequeña nietecita de la mano. Allí le explica al policía que la
muchacha no ha sido secuestrada por ninguna de las bandas que participan
en el concilio, y ahí están todos:
Cuando algún pendejo
quiere subirse al carro sin pasar por el concilio, lo empapelamos. Los
espontáneos dan mala fama, causan inquietud entre la población. A veces
surge alguna banda. Nosotros la detectamos, averiguamos quiénes son los hijos de puta;
cuando ya lo sabemos, soltamos toda la sopa al comisionado, y el
comisionado al procurador. ¿Lo capta? (...) El concilio es un pacto
social de cuya existencia sospechan muchos, pero conocen pocos (...). La
Brigada de Secuestros depende solo de la Procuraduría, y la
Procuraduría es la madre del concilio.