Monday, September 16, 2013

Atando cabos, E. Annie Proulx



Pues si Jack Buggit había podido escapar de un bote con salmuera, si un pájaro desnucado podía alejarse volando, ¡qué más cosas serían posibles! El agua puede ser más vieja que la luz, los diamantes romperse en sangre de cabra caliente, las cimas de las montañas despedir fuego frío, los bosques aparecer en medio del océano, y puede suceder que a un cangrejo lo atrape la sombra del dorso de la mano, que el viento quede aprisionado en un trozo de cabo anudado. Y puede ser que el amor a veces tenga lugar sin dolor ni infelicidad.

Nota: Tremenda novela de Proulx. Tan tremenda como Un as bajo la manga. Novela. diría que una novela invertebrada, llena de historias. la vida de tantos personajes contada en una manera contundente. Recomendable. AJUA.

Ciudades de la llanura, Cormac McCarthy



Fueron andando hasta la avenida Juárez por Ignacio Mejía. Las regueras iban llenas de agua gris y las luces de los bares y cafeterías y tiendas de curiosidades exudaban lentamente en las negras calles mojadas. Les llamaban a voces los tenderos y acudían de aquí y allá decididos vendedores ambulantes con joyas y sarapes. Cruzaron la avenida Juárez y siguieron por Mejía hasta el Napoleón y se sentaron a una mesa contigua a la calle. Un camarero con librea fue a limpiar el sucio mantel blanco con una escoba de mano.

Caballeros, dijo.

Comieron filetes y tomaron café y escucharon a Troy contar historias de la guerra y fumaron y vieron cómo vadeaban las calles anegadas los viejos taxis amarillos. Luego tomaron Juárez arriba hasta llegar al puente

Nota: gran novela, gran cierre a la llamada Trilogía de la Frontera. algo que notar: gran parte de la historia sucede en Ciudad Juárez. Eso es interesante. Uno siempre huyendo de los localismos y aquí viene McCarthy para aterrizar su final en esta ciudad tan poco nombrada. Qué historia podrá suceder en Puebla, en Tlaxcala, etc. Ya veremos.

Sunday, September 15, 2013

Juárez Whiskey. Reseña número IX

En el blog La crítica de Simon Griphius, su autor llamado Daniel Moemi Vionmaa, llama a Juárez Whiskey libro de la semana. Si alguien conoce a Daniel, díganle que salú.

va la reseña, si quieren leerla en su origen, dar click aquí.


Whiskey, con e. O sea, se trata del bourbon estadounidense, de un espécimen casi extinto: el Juárez. Su sabor rasposo corresponde a la atmósfera que envuelve al protagonista de Juárez Whiskey, pero, curiosamente no a él. Carlos, un ingeniero, lleva una vida bastante normal con las excepciones que indica el título: vive en Ciudad Juárez y le gusta beber, pero Whisky, el escocés. Bebe, es cierto, pero aunque mitad de la novela esté borracho, no hay exceso y no hay violencia en su bebida ni en su lenguaje. La alternancia entre la primera y tercera persona provoca un efecto evocador y calmante después de la catástrofe. Porque lo central en la novela es el tiempo que marca un después que sigue siendo duro y terrible: es el después de la caída de las torres gemelas, algo que cambia la faz literal y mediática del mundo, pero también es ese después de la violencia que sigue siendo presente en Juárez y que queda relegada (en apariencia) a conversaciones secundarias o anotaciones al margen. Más que violencia, la novela de Silva Márquez es un gesto de ternura, con los problemas que ello conlleva: las disquisiciones de Carlos se tornan a ratos un tanto obvias y repetitivas; lo salvan del desastre dos cosas: la destreza para describir personajes—en efecto la plural lista de mujeres que pueblan y han atravesado el corazón del susodicho van de la misteriosa clásica a la inocente a la que ocultaba su fuego interno, todo esto con humor e ironía que se bebe como un buen trago de whisky. Y la segunda es la literatura misma, la escritura y la lectura.

Son contados con los dedos de las manos, los textos recientes donde no hay alusiones metaliterarias—esto es, donde alguien lee, escribe, comenta o se relaciona de un modo u otro con algo literario. Esto dice mucho de los tiempos que corren; habla de una necesidad y de un intento de escape: la literatura se inventa como un campo (un universo podríamos decir) donde todavía es posible pensar la realidad y, por lo mismo, en muchas ocasiones, deviene más real que la realidad misma; en todo caso, es por esa misma insistencia literaria que la ficción y la realidad rompen sus fronteras, las difuminan y desvanecen  como el hielo en un vaso (de whisky). Leer libros nos convierte en otros y mejores seres humanos. Tal boutade, propia de lectores rancios y decimonónicos, adquiere en esta novela un sentido fresco, verosímil y a ratos auténtico. La figura de la dentista que ha leído solo dos libros en su vida y que espera ansiosa que Carlos le regale el tercero representa ese sitial de la literatura y de sus andanzas por estos tiempos: se trata de una inspección de lo que está limpio, sano, sucio, putrefacto en nosotros y en nuestro mundo; se trata de conocer y reconocer el mundo. Y la novela japonesa que Carlos le regala a Gabriela se inicia con una historia de amor. Una de esas que no es ninguna de las que, de su larga lista, ha tenido en su vida. Ahí se produce un quiebre que solo es posible gracias a la literatura y, como dicho, ese es el quiebre real: porque ahora aquello es posible, adquiere un estatus ontológico diferente. Carlos dice en un momento que él apenas es capaz de distinguirse a sí mismo: el texto se convierte, así, en un intento por devolver(se) la condición de sujeto en estos tiempos de violencia y de post-catástrofe—no por nada la novela concluye con Gabriela, la dentista, con la boca abierta, apunto de decir algo.
También podemos leer Juárez Whiskey como novela social. El fantasma del despido de su trabajo comienza a rondarle a Carlos hacia el final. Los asesinatos, que se mencionan al pasar, los accidentes, los desengaños se suceden uno tras otro. Pero no hay intento social, hay más bien un particular modo realista de pintar el fresco de la contemporaneidad, como diría la crítica Luz Horne. Así, esta novela nos deja con un sabor que más que a whiskey raposo o menos que una borrachera alucinante, se parece a una buena, no muy cara, copa de vino, aunque a Carlos no le guste.


Gracias por el tiempo, como siempre. of course. gracias, Daniel. Así el futbol.

Wednesday, September 4, 2013

Juárez Whiskey. Reseña número VIII

Alfredo Godínez escribió la reseña:

Uno de whiskey para llevar.

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Hay novelas que sirven para demostrar un derroche de técnica literaria, otras para graduarse como aprendiz de alguna tradición literaria o de un escritor determinado y algunas más ofrecen una historia que atrapa y/o entretiene al lector. Las mejores, sin duda, son las últimas.

César Silva Marquez ha publicado recientemente en Almadía su novela Juárez Whiskey. Una novela que abandona las falsas pretensiones y se dedica a contar  la historia de Carlos, un ingeniero de treinta años.

Carlos vive en medio de una ciudad donde los descabezados, los desaparecidos y la guerra contra el narcotráfico son el pan de cada día. Sin embargo, Silva Marquez abandona la posibilidad de centrar su historia en el narco y sus consecuencias, para recordar al lector que en medio de la violencia siguen existiendo las historias de personas que intentan sobrevivir a sus infiernos particulares.

Los infiernos de Carlos son amorosos y llevan el nombre de: Belinda quien encarna la derrota amorosa y el tormento de ser su “mejor amiga”, Angélica le rememora que la posibilidad que te dejen por otro es real, Blanca es la típica mujer bipolar y contradictoria; mientras que Gabriela Torres es la única mujer con la cual siente una gran atracción, pues comparten una cierta afición por la literatura, empero es su dentista y nunca sale con sus pacientes. En medio de todas estas historias, está el complejo asunto que significa sobrevivir el día a día: conservar un trabajo no del todo satisfactorio, soportar un dolor de muela extremo, salir a la calle con el riesgo a ser asaltado, secuestrado o convertirse en un daño colateral y aceptar que su vida ha cambiado a partir de un accidente automovilístico donde atropelló a un citadino.

Silva Marquez acierta en tres cosas: la brevedad de la historia; el tono narrativo, casi poético, pues eso le da la hilaridad necesaria para que la historia fluya; y la fortaleza que le da a Carlos, al igual que la jerarquización otorgada a las mujeres de Carlos, donde importa la única que es nombrada con todo y apellido. Su único error consiste en la forma extraña en que Carlos logra salir avante del aquél accidente.

Juárez Whiskey le recuerda al lector que cuando la rutina secuestra la vida, ya nada es capaz de sorprendernos y se corre el riesgo de acostumbrarse –incluso- a las malas noticias. Sin embargo, la vida global está supeditada a los infiernos personales y mientras uno no sea capaz de encontrar el camino, será dependiente a los otros y las circunstancias.


that´s futbol, i ñor. Gracias por el tiempo y el espacio, of course

Monday, September 2, 2013

Juárez Whiskey. Reseña VII

En el blog Vientre de cabra, aparece la siguiente reseña de Juárez Whiskey

para leer desde el origen dar click AQUÍ. Como siempre, agradezco a Xalbador García, el tiempo y el espacio.

La diferencia entre “whisky” y “whiskey” se encuentra en el proceso de destilación. La “e” que separa a uno y otro también indica otras discrepancias. El primero se trata de un escocés; el segundo, de un bourbon. “Es igual a preferir gato sobre perros cuando se trata de mascotas”, reflexiona Carlos, el protagonista de la última novela de César Silva Márquez: Juárez Whiskey (Almadía, 2013).

Nacido en Ciudad Juárez en 1974 Silva Márquez es autor de las novelas Los cuervos (2006) y Una isla sin mar (2009), así como de los poemarios Pas/ten (2007), escrito al alimón con Edgar Rincón Luna; ABCdario de botellas (2006), La mujer en la perla (2007) y El caso de la orquídea dorada. Ha recibido los premios Binacional de Novela Joven Frontera de palabras/Border of Words 2005, Estatal de Ciencia y Artes de Chihuahua 2010 y Nacional de Cuento San Luis Potosí 2011.

Más que un retrato de la ciudad fronteriza Juárez Whiskey es una balada triste, uno de esos tragos al final de la noche que, pese a su toque de exquisitez, te raspan el alma y los ojos, y apuntalan el dolor que parecía olvidado bajo el pecho. Con diversas voces narrativas la novela transcurre entre fragmentos de las necesidades, pasiones y padecimientos de personajes que deambulan entre la vida adulta y los horrores que ésta conlleva.

Si de por sí es complicado tratar de construir una rutina más o menos llevadera que nos salve del naufragio en este momento del mundo —posmodernismo le llaman—, donde la vacuidad y la incertidumbre son las características principales que rigen desde las relaciones afectuosas hasta los contratos laborales, Carlos tiene que intentar una existencia en Ciudad Juárez, zona de desastre y herida nacional por antonomasia; lugar de exilio, polvo, violencia; espacio para mirar de frente al desencanto.

Un dolor de muelas, una ruptura amorosa justo antes de casarse, un deseo con relatos eróticos incluidos, la crónica de una relación con tintes psicóticos, una amenaza laboral, una aventura de relato policiaco, la nostalgia que engendra la soledad, el recuerdo de la muerte y el caos por el ataque a las Torres Gemelas, unos labios, un aliento a menta y una mujer como promesa de noches en las que se pueda combatir a la muerte, son algunas de las líneas argumentativas de la obra de César Silva Márquez. Todas ellas matizadas con una prosa destacable que lleva al lector a vivir las acciones, a comprender los guiños, a sentir pena por los personajes, porque se trata de una novela que inquiere en los pasillos de los calores humanos, porque al leer se va identificando la vida, porque lo mismo se ha sufrido de este lado de la página.

La ciudad se destruye, el cemento avanza, los fantasmas salen a vender en los cruceros, se nos dice en Juárez Whiskey. Como el mundo se parece cada día más, el asombro de esa destrucción se va convirtiendo en el reconocimiento de nuestros propios lugares. Son tus calles las que desmoronan, esas agresiones son las que tú vives rumbo al trabajo, aquel affaire erróneo aparece de vez en cuando por tu sala. Y ese es el gran logro de César Silva Márquez con su novela: nos cuenta algo que ya conocemos, pero lo vuelve único, lo convierte en literatura, lo hace una pieza de arte digna de leerse.


Así es el futbol